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martes, 9 de marzo de 2010

La Física y la Química de mi vida amorosa

Cuando era niño, el amor parecía muy simple: un juego determinístico donde toda acción tenía una reacción predecible, Newtoniana. Cuando crecí, mi “trabajo de campo” me convenció de que en el amor todo depende, como diría Einstein. Ahora me doy cuenta de que el único que podría explicar lo que pasa en mi vida amorosa es Heisenberg.

El amor desde la dinámica clásica
          Efectivamente, cuando era niño el amor parecía un juego con reglas claras aprendidas con el patrocinio del conductor del bus del colegio: "golpe con golpe yo pago; beso con beso devuelvo, esa es la ley del amor, que yo aprendí, que yo aprendí...". Según eso, el juego del amor podía explicarse fácilmente con la Tercera ley de Newton:  "Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: o sea, las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en direcciones opuestas". En mi imaginario de niño todo se reducía a que si a mí me gustaba alguien y se lo expresaba, la reacción que seguía a esa causa era que yo también le iba a gustar a ese alguien.

          ¿Y qué pasaba si yo no le gustaba a la niña de mis sueños? Pues bastaba con perseverar para convencerla de lo contrario como sabiamente preveía Newton en su primera ley: "Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él."

El amor desde la relatividad general
          A medida que fui creciendo me di cuenta de que, en lugar de un juego con reglas fijas y claras, el amor se parecía más a un ejercicio de estrategia militar con reglas cambiantes. Lo que podía parecerle muy romántico a unas niñas, a otras les parecía una boleta. Sun-Tzu la tenía clara: hay que conocer primero a tu objetivo.

          Sin embargo, no siempre la rigurosa labor de inteligencia que hiciera antes para conocer los gustos de mi “blanco” garantizaba que mis atenciones hicieran que la nena cayera rendida a mis pies. Lo más desconcertante de todo, era que a veces algún baboso aparecía de la nada, sin saber nada de la niña de mis ojos,  y se la cuadraba. No valía que mis poemas fueran impecables, o que las rosas fueran las más bonitas de la floristería… si el man le gustaba, automáticamente a ella le iban a gustar más las frases de cajón del advenedizo y sus flores le iban a alegrar más el día... aunque hubieran sido arrancadas apresuradamente del propio jardín de ella.

          Conclusión, no hay ningún truco que sea objetivamente "mejor" que otro, todo depende del punto de vista de la nena a la que se le esté cayendo. Parafraseando a  Einstein, "la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento de la observadora o es relativa a la observadora".

El amor desde la mecánica cuántica
          Ahora, siento que no entiendo nada y que las veces en que mejor me ha ido es porque el amor me ha caído mientras estaba distraído pensando en otra cosa. Sin embargo, nunca está de más conocer gente a ver si hay química con alguien, pero invariablemente:
  • La nena que es linda, interesante y exitosa profesional... vive en otra ciudad.
  • La mujer misteriosa, entretenida, sexy que vive en mi ciudad... tiene marido.
  • La que es soltera, atractiva, divertida y que vive en mi ciudad... es tan chiquita que es casi ilegal cuadrarse con ella.
          Como quien dice, si me dan gusto en unas cosas, siempre va a haber alguna variable que me impide estar con la mujer ideal. Eso me recuerda a Heisenberg, el primero que previó mi situación con su principio de incertidumbre: "no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas. Por ejemplo, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal y, por tanto, su velocidad".

          Sin embargo, no me puedo quejar. Mis profesores de colegio sí me advirtieron que si quería entender mejor el mundo, debía pararle más bolas a la Física. Pero ya que esa batalla parece perdida, voy a darme más oportunidades con la Química.

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿Dónde se metieron las mujeres en Cali?

El juego de las sillas

Hay una dinámica que hace parte del arsenal de toda psicóloga organizacional, y es el juego de las sillas. Se trata de juntar ‘n’ personas y ponerlas a dar vueltas alrededor de ‘n-1’ sillas al son de la música. En cuanto para la música, los participantes hacen lo que sea por apoderarse de una de las sillas. Quien no logre sentarse sale del juego, el cual vuelve a empezar con una silla menos hasta que queda sólo un participante: el ganador del juego.
          Durante muchos años yo sentí que en esto de las relaciones estaba jugando un juego muy similar al de las sillas, donde los que iban saliendo eran los amigos y amigas que se iban casando. Y sentía que iba ganando. Pero ahora que corro el riesgo de “ganar” el juego (porque hasta el impredecible de Porras se va a pegar el viaje hasta Xalapa a casarse) me doy cuenta de que parezco ser el único que está todavía jugándolo.
          A veces me pregunto ¿dónde demonios se metieron las mujeres en esta ciudad? Pero bueno, tal vez no estoy siendo lo suficientemente específico. Dado que hace muchos años no salgo con ninguna mujer mayor de 25 años (de hecho parece que todas las mujeres en Cali tuvieran 25 años), la verdadera pregunta sería ¿dónde demonios se metieron las mujeres de entre 26 y 32 años, profesionales, “bonitas” e “interesantes”? ¿Y solteras? Y sé que existen porque conozco por lo menos una (que no me pare bolas ya es otro problema distinto).


El juego de las cifras

Vamos por partes. Según la proyección del Dane para la población de Cali en 2009, seremos 2’158.107 habitantes, de los cuales 51.2% son mujeres. Eso nos deja que hay aproximadamente 1’104.000 en Cali. Como no es tan fácil determinar cuántas de ellas son mayores de 25 años, podríamos aventurar que son aquellas que alcanzaron un título profesional. Teniendo como base el censo del 2005 podemos extrapolar que los niveles de escolaridad actuales son más o menos así:










Nivel máximo de escolaridad alcanzado
10,5%
37,2%
31,7%
12,3%
7%
1,3%
ninguna
hasta completar primaria
hasta completar bachillerato
hasta tecnólogo
hasta profesional
hasta posgrado

Juntando a profesionales con las magísteres y doctores, tenemos el 8,3% de la población (con razón dicen que somos privilegiados). Coincidencialmente, casi la totalidad de la gente que yo personalmente encuentro interesante es también profesional y está optando por algún tipo de título de posgrado, con lo que muy chambonamente podría estar satisfaciendo también el criterio de “interesante”. Sin embargo hay un problema: durante muchos años las mujeres fueron la minoría en las universidades. Pero como ahora en casi todas las carreras las mujeres son mayoría y en los últimos años ha habido un aumento sustancial de la población, creo que se emparejan las cifras. Por eso me atrevo a especular que más o menos el número de mujeres profesionales (y por lo tanto mayores de 25 años e “interesantes”) son ese mismo 8,3% del 51.2% de la población, es decir 91.700.
          Ahora toca definir cuántas de ellas siguen solteras, es decir que no se han casado ni tienen una relación estable. Arbitrariamente podría decir que una de cada 20 mujeres es soltera (5%), lo que nos deja con una interesante cifra de 4585.
          Queda el reto de filtrar por el criterio de las “bonitas”. Aquí la vaina es bien subjetiva, pero tratando de definir lo que para mí significa “bonita” podría decir más bien “razonablemente atractiva” que se trata de que no sea ni muy gorda ni muy flaca, ni muy alta ni muy chaparrita, ni muy plana ni muy operada, ni con la cara de Carolina Cruz pero tampoco con la de Teresa Gutiérrez. Asumiendo que la mayoría de las bonitas están en el grupo de las casadas o en relación estable, muy arbitrariamente podemos aventurar que hay un 10% que siguen solteras por decisión personal o porque son bonitas que están en estado de transición (es decir, que acaban de salir de una relación estable pero no descartan volverse a involucrar sentimentalmente en el corto/mediano plazo). Eso nos deja con el 10% de 4585, es decir 458, el 0,021% de la población de Cali.
          Ahora falta ver a cuántas de ellas conozco. Aplicando la proporción de mujeres profesionales a mis contactos de facebook, el 4,2% de 393 da 16. Esto significa que de las 458 habría en teoría 441 mujeres profesionales, mayores de 25 años, razonablemente atractivas y solteras en Cali que todavía no conozco. ¿Entonces dónde se metieron?


Las hipótesis

La primera hipótesis es que en la universidad hay muchísima visibilidad que se pierde cuando uno se gradúa. Desde el colegio uno anda con sus compañeros de clase y sus amigas son una que otra vecina más las compañeras de la hermana que estudia en otro grado o incluso en otro colegio. La cosa cambia cuando uno llega a la universidad, donde se conoce gente de todos los colegios y se revuelven todos con todas (por eso parece que todas las mujeres en Cali tuvieran 25 años). Pero cuando uno sale a trabajar, vuelve y se encierra en el reducido círculo de los compañeros de trabajo que todavía no se han casado.
          La otra es que uno en la universidad es más bien fresco y se apunta a cualquier plan, lo cual cambia cuando se empieza a trabajar. Por eso varias amigas decían que el novio ideal en la universidad es un estudiante de Biología, ya que son los duros para los paseos y las salidas de campo al Pacífico, avistamientos de ballenas, conseguirse permisos para ir a la Ensenada de Utría, etc. Sin embargo, el novio biólogo se va volviendo un encarte cuando vive con lo del bus (si es que encuentra trabajo en su área después de graduarse) mientras que la novia ya empieza a ganar un buen sueldo y a armar con sus compañeros de trabajo planes en México, Europa o por lo menos Cartagena. Entonces sospecho que después de mi espectacular quiebra en 2005 ya no volví tener acceso a esos planes que sólo pueden pagar los profesionales de mi edad. Por eso aunque existan, ya no las encuentro en los sitios a los que suelo ir (y que puedo costear).
          ¿Alguna otra hipótesis?


Datos del DANE sobre la población soltera en Bogotá del censo 2005

domingo, 29 de junio de 2008

El hombre perfecto

Sí, yo sé que las mujeres parecen genéticamente programadas para ser exigentes. Sí, también conozco el refrán de que “detrás de todo hombre exitoso hay una mujer ambiciosa”. Pero creo que se han tomado muy a pecho la idea del “hombre perfecto”.  ¿Será porque ahora las mujeres sufren del síndrome de la “mujer maravilla” (una compulsión por ser buena profesional, buena mamá, buena pareja, buena amiga e incluso lucir espectacular las 24 horas del día, todo al mismo tiempo) y buscan el mismo ideal que les impusieron a ellas? La cosa es tan exagerada ya que se sienten culpables si no son mujer maravilla (sobre todo si las formatearon en el Liceo Benalcazar).
          Pues para su información, en el caso de los hombres eso no ocurre. El que es muy bueno en alguno de esas perspectivas sociales, por lo general tiene un desempeño más bien discreto en los demás, y casi siempre pasa alguno raspando y habilitando de vez en cuando después de alguna cagada. Por eso creo que este cuento del “hombre perfecto” no es más que un mito del cual más de un patán logra aprovecharse porque las mujeres están demasiado dispuestas a creerlo. Por eso yo siempre a mis amigas les digo que si un tipo se ve demasiado perfecto, una de dos: o es gay o está fingiendo con el único propósito de follárselas.
          (Inspirado en una idea de Hernán Casciari: “El uno para el otro”)

jueves, 19 de junio de 2008

Los matrimonios de mis ex novias

Ya es oficial. Hoy la totalidad de mis ex novias ya han pasado (al menos una vez) por el altar. Y ya que estamos en estas, incluso las dos “tragas” no correspondidas que me atormentaron durante años también ya están casadas, varias de ellas ya con hijos. Y por alguna razón, creo que eso es motivo más que suficiente para reflexionar al respecto.
          Puedo decir que todavía mantengo una buena relación de amistad con todas menos una. Aclaro que esta última se fue a vivir a otra ciudad porque el marido trabaja allá, no porque haya salido huyendo de mí (de hecho, todavía aspiro a encontrármela algún día en Facebook). Y adelantándome a los comentarios de los malpensados, tampoco hay ninguna prohibición judicial en mi contra para acercarme a menos de 50 metros de alguna de ellas.
          Sin embargo, me pone a pensar que últimamente ya no me invitan a sus matrimonios. Dejo en claro que aunque usualmente me hago el loco en la lluvia de regalos, mi presencia en eventos similares ha sido todo un éxito (hasta me he ganado la liga de la novia en dos ocasiones). Es más, el último matrimonio al que asistí fue el de una pareja de muy buenos amigos, y soy tan buen invitado que aunque ir me implicó perder la única oportunidad de verme en el Petronio con una nena que me encantaba (que nunca más volví a ver) y quemar el as ganador de dar como regalo de bodas una suscripción a El Clavo (pero quedé como un príncipe, ¿cierto Yeinerzinho?), ahí estuve. Cámara en mano, peinado reluciente y zapatos de castigar baldosa. De lo que se han perdido. Más bien estoy por creer que, por allá en el fondo de su inconsciente, les aterraba que me diera por levantar la mano cuando el cura preguntara si alguien objetaba la unión (en la parte del “que hable ahora o calle para siempre”). Qué falta de confianza. La sola mirada asesina de las mamás de los novios hubiera sido más que suficiente razón para amedrentarme.
          No, mentiras. Una hipótesis más razonable es que los novios prefieren invitar a los papás (porque son los que pagan), a la familia cercana (bueno, los 100 más cercanos porque toca) y a los amigos de la pareja. Como las parejas casadas suelen tener vida social es con otras parejas casadas, pues obviamente yo quedo automáticamente por fuera del parche, más o menos como se vería Gárgamel en la aldea de los Pitufos o Gustavo Petro en una convención uribista.
         Pero bueno, a lo que quería llegar es que me alegra mucho saber que mis ex novias se casan. Con todas ellas fui muy afortunado, porque en su momento cada relación fue muy importante para ayudarme a ser mejor persona. Por eso, me gustaría conservar esos buenos recuerdos para siempre. Dicen los budistas que no hay mejor forma de evitar que una gota de agua se evapore que arrojándola al mar, y de manera similar creo que a las buenas experiencias vividas con ellas, ahora les corresponde hacer parte de una nueva dinámica, en una nueva etapa de la vida.
          ¡Felicidades!

jueves, 7 de febrero de 2008

Love is all around

No sé si tenga qué ver que San Valentín ande rondando por Facebook, pero no puedo evitar notar que el amor se respira en el ambiente. El mejor termómetro es que cinco amigas mías están viviendo cada una su propia historia de amor que se gestó este año o máximo en las últimas semanas de diciembre.

Y aunque cada una es diferente (dos se decidieron por otra mujer, una por un hombre menor que ella, y otras dos por extranjeros) lo que tienen en común es que se decidieron por un cambio. Buscar en otro sexo, en otra ciudad, en otro país o en otra religión pueden ser criterios que ordinariamente no nos atrevemos siquiera a considerar. También atreverse a dejar de esperar a que todos nuestros problemas y complicaciones nos den un respiro para abrirle la ventana al amor (siempre vamos a tener complicaciones y asuntos pendientes por resolver). Pero también dejar de buscar, si es lo que desesperadamente hemos estado haciendo, puede ser la respuesta.

Por eso ahora me ha estado dando vueltas en la cabeza que si lo que uno ha venido haciendo no lo hace feliz, la única forma de cambiar las cosas es probando hacer algo diferente. Al menos a mis cinco amigas parece haberles resultado.



lunes, 14 de enero de 2008

¿Qué demonios hacemos con los recuerdos?

La memoria es algo jodido. Unos quisieran poder olvidar el pasado, mientras que otros quisieran poder recordar con tanto detalle una experiencia importante que se sintiera como si revivieran todo otra vez en su mente. Y claro, también están los que quieren ambas cosas (contradictorias, mutuamente excluyentes) al mismo tiempo.

¿Por qué queremos recordar?
Por un lado, la memoria define quienes somos. Bastante hemos tenido de Jason Bourne, Memento y películas similares para darnos cuenta de lo perdidos que estamos sin una historia, sin un pasado que nos dé perspectiva para interpretar el presente o planear lo que queremos del futuro. Por eso tener memoria del pasado es importante.
          Pero también hay ocasiones en que el pasado se vuelve una obsesión tan grande que la gente recurre a las regresiones hipnóticas, que en teoría permiten traer a la mente recuerdos de manera muy vívida. Strange Days y Brainstorm nos ofrecen un vistazo a un mundo donde la gente tiene la tecnología para grabar sus experiencias y reproducirlas en su mente con absoluta fidelidad, como si fuera la telenovela de las 10:00 p.m. pero sin necesidad de televisor. El problema con todo esto es que nuestro cerebro graba el recuerdo y la emoción que sentimos cuando vivimos la experiencia que hace parte del recuerdo. Esto significa que, a diferencia de la telenovela, un buen recuerdo traído vívidamente puede darnos tanto placer como la experiencia en sí, mientras que un mal recuerdo, en las mismas circunstancias, nos puede causar un ataque cardíaco. La moraleja de la historia es que hay gente que se siente tentada a revivir una y otra vez la experiencia grata en lugar de continuar viviendo (por ejemplo, ¿para qué volver a las islas griegas si puedo revivir el primer viaje maravilloso que hice con mi pareja que ya no está a mi lado?).

¿Por qué queremos olvidar?
También está el otro lado: ¿cómo sigo viviendo con ese recuerdo que me tortura? ¿No sería más fácil olvidar a la persona a la que amé y que ya no tengo al lado? Eterno resplandor de una mente sin recuerdos nos plantea la posibilidad de un procedimiento neurológico para borrar recuerdos (“traiga todo lo que le recuerde a su ex y nosotros apagamos todas las neuronas que se activen cuando usted piensa en ella”) y sí, también trae moraleja: los recuerdos nos van moldeando y afectan nuestro carácter. Sin el recuerdo del pasado, nada va impedir que volvamos a caer en las mismas situaciones que caímos antes o, como en el caso de la película, que nos volvamos a enamorar de la misma persona que pagamos para olvidar.

Resignificar
Ilustración de Liniers
¿Entonces qué hacemos? Pues lo que yo propongo es que los recuerdos en sí no tienen la culpa de nada. Son simplemente el registro diseñado para ayudarnos a identificar por dónde va a salir el mamut o cuán dolorosa puede ser la mordida de un tigre dientes de sable. Somos nosotros quienes elegimos interpretar esos recuerdos y reaccionar de cierta forma ante ellos. Es más, no importa que lo que recordamos no nos haya pasado a nosotros, nuestra reacción emocional puede ser la misma. La prueba contundente es de las señoras que pelean con el televisor cuando la villana de la novela le hace alguna cagada a la protagonista despistada, así sean conscientes de que ni los personajes ni la historia son reales. A mí mismo me pasó: uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando Gokú por fin llegó a Namekuseí en Dragon Ball Z, y el hecho de que todo fuera ficción (es más, eran dibujos animados) no hizo menos real la alegría que sentí en ese momento.
          Entonces la salida es resignificar los recuerdos. Si los momentos felices no van a volver, no deben convertirse en un motivo de tortura. Haber sido amados por una persona maravillosa es algo que debe servir para darnos fuerza, no para volverse un yunque en el pecho. Resignificar también implica ser lo suficientemente adulto como para ser honesto acerca de quién es uno. Es cierto que uno de los aspectos del amor (tal vez la razón más popular para querer olvidar) puede ser posesivo e interesado. Pero creo que la prueba de fuego de la adultez está en saber si el amor que se siente por la otra persona es lo suficientemente grande como para aceptar que lo verdaderamente importante es su felicidad, incluso cuando eso implique que ella sea feliz con otra persona distinta de uno. Si no es así, el “amor” que queremos olvidar es más un doloroso apego infantil (como decía Arjona: “No te enamoraste de mí; te enamoraste de ti cuando estás conmigo). Estos recuerdos, resignificados, se convierten en algo grato para alegrar los momentos tristes e, incluso, en el referente para compartir en relaciones futuras eso tan especial que nos dejó el amor del pasado.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Las amigas de mi novia

A menos que se trate de una mutante recién llegada de Chernobil (Rusia), toda hembrita con la que uno se llega a cuadrar tiene amigas a su alrededor. Eso es importante tenerlo en cuenta porque cuando uno entra en la vida de alguien como novio, necesaria, inexorable e inevitablemente va a tener que permitir que las amigas de ella se metan en la vida de uno.

Todo comienza de la manera más inocente: uno cree que ella sólo tiene una amiga, Paola, esa en común que se la presentó a uno en primer lugar. Pero resulta que Paola es una de esas amistades distantes con la que se ve cada mil años, lo que explica por qué uno nunca había visto a su novia antes, ni siquiera en las fotos que Paola sube a Facebook. Uno empieza a creer que su nueva conquista es una de esos exóticos especimenes solitarios que uno va a poder tener sólo para uno, en un paraíso idílico donde el resto del planeta juega simplemente el papel de distantes extras.

Sin embargo, la ilusión dura dos semanas, máximo tres. A menos que uno tenga un olfato excepcional para las emboscadas, la novia lo enreda diciendo que ese fin de semana sólo para dos (en el que pensaban darse como a ratas) van a tener que posponerlo porque "una amiga del colegio está cumpliendo años". Si uno accede a cambiar sus planes (porque es que son "unidísimas" y da pena ser el malo del paseo), de ahí en adelante ya no va a poder tener un fin de semana a solas porque siempre va a salir una amiga del colegio que cumple años ese sábado. Ojo que no es viernes ni domingo sino sábado, atravesado de tal forma que uno necesariamente debe sacrificar el otro plan. Cuando pasa casi un año en las mismas, uno empieza a creer que a su novia la hacinaban durante el bachillerato en un galpón con 50 o más compañeras (¿de dónde putas salen tantas amigas del colegio diferentes?), hasta que se pone a hacer cuentas y resulta que le metieron de contrabando también a las amigas de la universidad, las del club, las de la oficina… En últimas, uno acaba dándose cuenta de que esta hembrita conocía directa o indirectamente a todas las mujeres de la ciudad.

De tanto verse con todas esas hembritas uno empieza a creerse amigo de ellas, hasta se deja invitar a sus parches cuando la novia no está en la ciudad para no quedarse solo (obvio, uno dejó de ver a los amigos hace meses por estar yendo a tanto cumpleaños y ya ni lo tienen en cuenta para salir). Sin embargo, no más es que uno tenga un problema con la novia para que todas sus amigas muestren los dientes y saquen las garras. El amor hace que la novia sólo vea en uno cualidades y casi ningún defecto, mientras que las amigas pareciera que hubieran hecho una especialización en auditoría porque le hacen inventario exhaustivo de cada pequeño defecto y llevan el historial de cada pequeña embarrada que uno haya podido cometer.

Si llegan a terminar, la ex novia sólo va a escuchar de sus amigas acusaciones contra uno sustentadas como si estuvieran en juicio ante un tribunal militar. Ante semejante lavado de cerebro, en el imaginario de la ex novia uno deja de ser "mi gordito divino" para convertirse en "el enano asqueroso" y terminar como "el hijueputa ese".

Pero ¿saben qué es lo peor? Uno supone que después de elaborar el duelo, hacer las paces con el pasado y volver a subir su autoestima, va a poder empezar otra relación sin problemas. Pero no. Resulta que cada nena en edad de merecer en toda la ciudad es amiga en mayor o menor grado de su ex: para ellas, uno es como uno de esos parias de la India a quienes ni siquiera les contestan el celular. Y no importa que uno haya sido un buen novio y la ex ya esté felizmente casada con un senegalés musculoso de dos metros, la lealtad de amiga puede más y jamás van a permitir que uno se les acerque.

¿Qué hace uno en esos casos? Puede intentar cambiarse el nombre y hasta dejarse el bigote y las gafas oscuras (incluso de noche) para no ser reconocido en la calle. O probar suerte en otra ciudad donde las mujeres no conozcan a la ex de uno. Por ejemplo, en Senegal.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Las múltiples vías del afecto

Aunque su pasatiempo favorito sea lamerse el trasero con verdadero entusiasmo, nadie dudaría en calificar a Bek como adorable. Por ejemplo, Bek que fue criado absolutamente en inglés, en algún momento se volvió bilingüe porque entiende sin ningún problema que nos referimos a él cuando casualmente se comenta es español que “hay que sacar al perro”.
          Así mismo, su peor acto de venganza por dejarlo solo es cagarse de forma espectacular en la alfombra y voltear el tarro de la basura. Por eso en una ocasión que salimos tomamos la precaución de poner la basura fuera de su alcance y sacarlo al pasto a hacer del “número dos” antes de dejarlo sin compañía. Pero al volver encontramos que de todos modos Bek nos había dejado un regalito diminuto en el espacio acostumbrado de la alfombra. El pobre perro prefirió hacer un esfuerzo sobrehumano (o en este caso, sobrecanino) con tal de no defraudarnos. ¿Cómo no adorarlo?
          Sin embargo, yo apostaría a que la atracción que sentimos por otros habla más de nosotros que del objeto de nuestro afecto. Somos nosotros los que escogemos querer a alguien y en qué grado lo hacemos, independientemente de las razones objetivas que haya para merecerlo. Esta es la razón para que haya muertos y heridos después de un partido de fútbol en medio de quienes nos decimos “pero si es sólo un juego”. También para que le pongamos nombres a objetos que nos inspiran cariño (yo todavía recuerdo el traumático momento en que mi mamá me dijo que había regalado a “Amadeus” durante mi ausencia) o para que con frecuencia los demás no vean lo maravillosa que es esa persona que nos quita el sueño.
          Por eso cuando queremos a alguien y nuestro afecto es correspondido ocurre un evento que sólo podemos calificar como absolutamente milagroso. No hace falta que el afecto sea merecido o no, pero cuando somos correspondidos, el cariño por primera vez sale de la esfera de nuestras elecciones. Ya no se trata de la proyección de nuestros deseos o carencias en los demás sino de que, por alguna razón inexplicable, alguien nos considera objeto de su afecto. Y eso le da un sentido de realidad a nuestra vida que escapa a las ilusiones que hayamos podido urdir en nuestra mente.
          Pero bueno, para ser precisos, basta con que creamos que nuestro cariño es correspondido. Pero que nuestro Power Macintosh 6100/60 nos haga felices con su exquisito diseño y primoroso reflejo de nuestra personalidad es muy diferente de que podamos ver la felicidad en el rostro de alguien que nos ama o en el alegre batir de la cola de conejo de un English Springer Spaniel.


lunes, 29 de octubre de 2007

¡Abajo Ken, arriba los gay!

¿De dónde salieron los corsés? ¿Y las burkas, esos velos con las que las mujeres son forzadas a cubrirse en las teocracias islámicas? ¿Y los bikinis? ¿Y las cirugías para redondear con silicona la "pechonalidad" de las féminas? Aunque no todos los casos están documentados, muy probablemente todas estas formas de alterar la apariencia femenina vinieron de la mente de un tipo. Sin embargo, de unos años para acá las mujeres han volteado la torta y han influido más decisivamente en la forma como nos vemos los hombres que en ninguna época de la historia.
          Bueno, para no decirnos mentiras, las mujeres SIEMPRE han influido en la forma como los hombres han escogido verse. Esa es la razón por la que seguimos usando saco y corbata en los matrimonios en lugar de camisilla manga ciza + bermudas + media tobillera, a pesar de que no estamos en la brumosa campiña escocesa sino en un amodorrador paraíso tropical. Sin embargo, creo que recientemente la cosa se ha empezado a poner peluda, o para ser más precisos, lampiña.
          Mi hipótesis es que todo es culpa de Mattel. Efectivamente, en parte muchas mujeres se sienten gordas (aunque estén flacas como un rejo) porque en su niñez les quedó grabado el ideal de belleza femenino que representaba la anatómicamente imposible Barbie. De la misma forma, el modelo metrosexual que ahora adoran las mujeres también puede haber sido influenciado por lo que vieron en su infancia: un tipo flaco como una Barbie, lampiño como una Barbie, con un guardarropas extremadamente variado como el de una Barbie y que se deje mangonear como una Barbie... En otras palabras, un Ken. El pobre y vilipendiado Ken se convirtió en el ideal de belleza masculino para muchas niñas que ahora ya son mujeres.
          ¿Y ahora qué putas vamos a hacer los que no nos parecemos ni cinco a un Ken? Ahora los que prosperan son los tipos que se matan de hambre, van al gimnasio exclusivamente a hacer abdominales, se depilan cada pelo sin misericordia cual tumor maligno, lucen sus uñas divinamente manicuradas y se visten tan, pero tan a la moda que en los almacenes de ropa les deben dar descuento por cliente fiel. Entre ellos no suele faltar el tipo de ademanes tan delicados que a simple vista a uno le queda la duda de si "es o no es", pero la nena divina que tiene al lado sale en su rescate prácticamente dando a entender que el man sí se la come para que a todos sus amigos les quede claro que "no es" y dejen de molestarla.
          Pues señores, lo que yo propongo es que unamos fuerzas con los gay. Aunque es una imposibilidad estadística que todos los gay sean bonitos, apuesto a que la mayoría cuida tanto su apariencia como para calificar dentro del ideal metrosexual. Y apuesto a que a ellos tampoco les gusta que los tipos que con su apariencia y su comportamiento lucen como posibles conquistas les salgan con que no, que son heterosexuales. Por eso deberíamos propiciar que cada vez más gay salgan del clóset, que no teman expresarse libremente y que puedan reunirse donde les dé la gana sin que a los demás les importe. <
          Un escenario así nos conviene a todos. Aunque yo creo que una mayor dosis de tolerancia por las preferencias de los demás redunda en una sociedad más civilizada y vivible, en el fondo también tengo la maquiavélica y egoísta esperanza de que más gay declarados en las calles mejoren mis opciones con el las nenas. La razón ya la había explicado Daniel Samper Pizano hace varios años: entre más tipos gay haya en el mercado, menos competencia vamos a tener los heterosexuales por las mujeres disponibles (menos oferta para la misma demanda). Al mismo tiempo, entre más mujeres identifiquen el estilo Ken como gay, menos van a pararle bolas a los que lucen así y tal vez el ideal de belleza masculina cambie. Sólo así los que somos como el oso (feo pero sabroso) podremos ver los frutos de mantener la cuchilla de afeitar en huelga, de lucir orgullosamente una calva producida por demasiada testosterona o de gastar en ropa sólo la muda del año. Justamente como nos gusta.

sábado, 8 de septiembre de 2007

El temido Día del Amor y la Amistad

Una vez más, se acerca el Día del Amor y la Amistad , fecha temida y esperada con angustia por todos los hombres que no sean joyeros, floristas o dueños de restaurantes en todos los estratos socioeconómicos. Para completar, tal vez ninguna mujer vaya a permitir que su novio / marido / arrejunte pase de agache en semejante ocasión porque muy seguramente ya le compraron el detallito que obliga. La vaina es que seguramente no se van a conformar con un "detallito": en su interior, ellas sinceramente creen que los hombres estamos esperando con ansia esta oportunidad perfecta para "lucirnos" porque el resto del año nos da penita y necesitamos el empujón de una ocasión artificial para tomar la iniciativa (o algo por el estilo).
          Posiblemente los que no tengan novia crean que están a salvo, pero no es así. Al menos los gringos tuvieron la sensatez de dejar claro que el "Valentine's Day" es exclusivamente cosa de novios, pero el entusiasta espíritu emprendedor de los comerciantes colombianos acabó de jodernos a todos. Por eso el Día de Amor y Amistad ni los solteros podrán estar tranquilos, ya que sus amigas se encargarán de cazarlos hasta en los más inéditos escondites, cual protagonista de El Planeta de los Simios. Aunque pensándolo bien, de todos modos no es que tuviéramos muchas opciones, porque a menos que estemos con la respectiva hembrita, lo más probable es que estemos huyendo de las miles, millones, millardos de "cuchurrumines" que inundan los cines, restaurantes, parques y centros comerciales. Es que no hay nada para restregarle en la cara la propia soledad como un montón de parejas melosas armadas de rosas, osos de peluche o, en su defecto, bomba metálica con rosa y oso de peluche estampados en su superficie.
          Precisamente con el ánimo de huir de los gastos antes, durante y después del Día del Amor y la Amistad , no falta el vivo-bobo que le termina a la novia con cualquier excusa pendeja una semana antes de la fecha, con el plan de reconciliarse justo unos días después. Sin embargo, lo más probable es que al idiota de turno le salga más cara la reconciliada que lo que se ahorró huyendo de sus "deberes" conyugales. Así que dejémonos de bobadas. El que tenga novia, que asuma las consecuencias de sus actos valientemente como los espartanos de 300 y enfrente al enemigo: el miedo a dejar salir al cursi que todos llevamos por dentro.
          Y claro, para todas las víctimas secundarias de este nefasto día, lo mejor es que actuemos como si sobre la ciudad hubiera caído una apocalíptica epidemia que convierte a sus habitantes en zombis hambrientos. Propongo buscar a las amigas y amigos desparchados, encerrarse durante las siguientes 32 horas y repetir Love actually 16 veces. El plan: servir de hombro sobre el cual puedan mutuamente llorar esa tusa inconclusa y quedar listicos para comportarse el próximo año como un zombi más.

lunes, 23 de julio de 2007

Por qué tus pretendientes se pierden del mapa

Una de las fantasías que he escuchado en varias mujeres es tener admiradores. No es que quieran tener varios mancitos al mismo tiempo (a diferencia de la mayoría de nosotros que en secreto soñamos con tirar con todas las que nos gustan), sino que se regodean en la fantasía secreta de saber que hay alguien ahí que las hace sentir bonitas, deseadas, apreciadas.
          Las que tienen pareja hacen el mejor negocio, porque tienen la excusa perfecta para no tener que corresponder a los admiradores (“ Tan bobito, ¿no ves que ya tengo novio? ”), siempre y cuando los indirectazos y las atenciones sean lo suficientemente ambiguos como para no justificar los celos del novio. Por su parte, las que no tienen novio tienen que ingeniárselas para mantener a raya a los tipos que no le interesan, pero sin ser lo suficientemente cortantes como para que le quede claro que no tiene oportunidad.
          Pero un día, ese mancito que le dedicaba diez minutos de celular ya no llamó más. Las entradas a su blog con indirectazos sobre su relación con ella dejan de aparecer. Los correos electrónicos con invitaciones y la chocolatina sorpresa sobre el escritorio de ella no vuelven a llegar. Y lo más preocupante de todo: nunca más lo volvió a ver conectado en el Messenger. Acostumbrada a que cuando necesitaba a su admirador o quería saber de la vida de él sólo debía esperar a que éste se comunicara, queda desconcertada ante esa actitud tan descortés e injustificada.
          "¿Pero qué pasó? ”. Una de dos: el tipo encontró a otra que sí le paró bolas o se cansó de desgastarse emocionalmente en una relación de una sola dirección. Aunque ella sinceramente viera a su admirador como nada más que un amigo, debería sospechar que la mayoría de nosotros creció viendo películas donde la perseverancia es recompensada. Y nos tragamos el cuento a pesar de que es celebrado en el cine por su rareza y no porque sean el caso más común.
          A pesar de esto, la respuesta a la pregunta de por qué los pretendientes se esfuman cuando la hembrita que los desvela no les para bolas, no pudo haber sido mejor expresada que en una película. En Love actually , Mark le dice a su amada, casada con su mejor amigo, que debía alejarse de ella porque “ it's a self-preservation thing ”. Efectivamente, no se trata de odio o descortesía, sino de buscar la propia supervivencia.

miércoles, 20 de junio de 2007

La hembrita con la que sueño

Hablando con el Marqués nos pusimos a rajar sobre algunos amigos de cada uno que se estaban casando o incluso teniendo ya hijos. Lo más tenaz de esa situación no es que esos amigos no fueran mayores que nosotros, sino que ellos hubieran dado EL GRAN PASO cuando nosotros ni siquiera teníamos novia.
          Ambos nos sorprendimos debido a que las esposas de nuestros amigos no parecen ser especialmente avispadas, encantadoras, bonitas o al menos guerreras. Cuando les preguntamos a nuestros respectivos amigos sus razones para casarse, ellos no argumentaron que estuvieran profundamente enamorados sino más bien porque se sentían cómodos y le tenían suficiente confianza a la novia. ¿Es esa la gran respuesta? ¿Casarse con alguien cuyo principal atributo es que se la conoce tan bien que inspira cantidades industriales de confianza y comodidad? No puedo hablar por el Marqués, pero a mí me aburriría alguien así, incluso antes de la boda. A lo que quiero llegar es que no me visualizo casándome con alguien que no me inspire sentimientos más fuertes que solamente confianza y comodidad.
          En primer lugar, me gustaría una mujer en evolución permanente, alguien que aprenda acerca de cosas que yo no conozco y que, por ejemplo, me sorprenda con lo nuevo que está escribiendo, ese nuevo arte que está aprendiendo o la nueva etapa en su carrera que está alcanzando. No importa cuánto tiempo pases con una mujer así, pienso que nunca serás capaz de conocerla por completo. Desafortunadamente ya estuve con una mujer así, por lo que no puedo descartar este deseo como un capricho imposible de cumplir. Además me parece importante admirar a la pareja por algo, así sea porque cuenta buenos chistes, hace una espectacular torta de chocolate o diseñó un ciclotrón para acelerar partículas de alta energía. Y claro, se supone que todo el mundo está evolucionando permanentemente, pero es que justamente las novias de nuestros amigos se las habían arreglado para mantenerse en un estado de estancamiento reforzado por la inercia.
          En segundo lugar, me gustaría una mujer que se ocupe de su apariencia. No estoy pidiendo alguien que pase la mitad de su vida en un gimnasio, en el salón de belleza o en un quirófano, sino alguien con hábitos lo suficientemente saludables como para lucir bien sin tener que ocultarse detrás de toneladas de maquillaje o un disfraz de última moda. Sin embargo, si ella luce como modelo de portada, pues yo no me voy a enojar, ja, ja, ja :) Ante esto Vladimir dijo que "tarde o temprano la belleza se acaba ", pero imagino que lo hizo bajo el supuesto de que juventud = belleza. Yo no creo que haya una edad para la belleza sino más bien una belleza para cada edad: una bebé podrá ser hermosa (la mayoría de los papás las ven así), pero no lo será de la misma forma en que es hermosa una veinteañera. También se da el caso de muchas abuelas que son muy bonitas, y uno podría deducir que fueron atractivas en su adolescencia. Sin embargo, esos casos de belleza no significan necesariamente atracción sexual, al menos no para la mayoría de la gente. Por otro lado, yo me estoy refiriendo a una mujer que no sólo sea bonita para su edad sino que sea atractiva, porque me parece que es una demanda perfectamente normal para mis años. Esto no significa que yo espere que mi pareja sea sexualmente atractiva sin importar su edad (esa sería más una demanda de la sociedad de consumo que mía), sino que espero que ella se mantenga saludable y bella de acuerdo con su edad. Nada de cuchibarbies ni adolescentes precoces. Obviamente yo estoy tratando de hacer lo mismo y escogiendo una apariencia más acorde con mi edad.
          En tercer lugar, dicha mujer tendría que ser bastante retadora. Supongo que para merecer la compañía de alguien así yo tendré la motivación para mejorarme también a mí mismo. Sé que esto debería ser un objetivo que deberá intentar alcanzar por mí mismo (independientemente de con quién esté saliendo) pero creo que el proceso fluye más fácil si se tiene una pareja que comparta tus principales metas y que sea la prueba viviente de por qué estás tratando de alcanzarlas. Y no es que yo crea que tengo que ser el putas para que alguien me quiera, sólo que me gustan justamente las mujeres retadoras. Creo que mi condena será enamorarme de Brunilda, la valquiria que solo amará a quien pueda vencerla en combate... ja, ja, ja :)
          En cuarto lugar yo pondría la sensación de comodidad y confianza como razón para casarse. Esto es importante porque un matrimonio es exactamente como una empresa donde se necesita una socia que no lo deje morir, no importa qué tan dura se pueda poner la situación. Nótese que no olvidé este argumento que esgrimieron nuestros amigos, me parece necesario pero insuficiente en sí mismo como para justificar una boda.
          En conclusión, me casaría con una novia de la que esté enamorado Y ADEMÁS que se mejore permanentemente Y ADEMÁS que me antoje de ser una mejor persona, no solamente alguien con quien me sienta cómodo o porque soy demasiado perezoso como para empezar de nuevo el mamonsísimo proceso de encontrar a alguien que realmente me guste.

viernes, 22 de diciembre de 2006

¿Vale la pena tener una amante?


Silvia propone en su bitácora que "si conseguir novio es difícil, es más complicado conseguir un amante, se requiere de un perfil más alto, de una incondicionalidad mayor que la de un novio y de una permanente picardía suprema a la de una relación de pareja". Me declaro vehementemente en desacuerdo.
          Primero que todo, pienso que la condición de amante no implica necesariamente sexo. Para mí, buscamos una amante para satisfacer algún tipo de pasión, que no necesariamente debe ser física (como bailar o jugar tenis) sino que también puede ser intelectual (como jugar Monopolio, hablar de mitología, de historia, de cine o de las implicaciones antropológicas del último capítulo de los Simpson). Una buena amante, independientemente del sexo, es alguien con quien es rico compartir el tiempo, que se las ingenie para que en cada encuentro uno desee no estar en otro lugar distinto que allí con ella. Una buena amante es alguien que se ría con uno y (muchisisisisímo más importante) que se ría con los chistes bobos de uno. Claro, para quienes pensaban que para ser amante bastaba con tirar rico y ya, de pronto sí coincido con Silvia en pintar un perfil muy alto.
          Sin embargo, estoy en desacuerdo porque creo que de una buena novia se debería esperar un perfil todavía más alto que el de amante, no al revés.
          En primer lugar, una amante sólo está con uno en los buenos momentos (obvio, se trata de pasarla RICO), y lógicamente se pierde si uno está en la mala, por lo que no es para nada incondicional sino al revés. Por el contrario, de una novia esperaría que sea lo suficientemente fuerte como para sostenerme cuando esté triste, para aunque sea llamarme a preguntar cómo estoy cuando me enferme, y lo suficientemente madura para dejar a un lado su orgullo y dejarse ayudar cuando tropiece o dejarse consentir cuando la asalte la melancolía. A una amante no la veo en ese plan.
          En segundo lugar, cuando uno está en plan de amante busca encontrarse sólo cuando le resulta cómodo, por lo que no es tan difícil lucir siempre relajado, de buen ánimo, con cosas nuevas para contar o con trucos diferentes para descrestar. En cambio con una novia lo que se busca es compartir tanto tiempo de calidad como sea posible, por lo que creo que es aun más retador no repetirse ni dar papaya a que su pareja se aburra. Con una novia toca negociar los espacios, los tiempos, los recursos y las actividades, por lo que sería bueno tener al lado a alguien lo suficientemente fuerte para no dejarse pisotear, pero lo suficientemente sensata como para conciliar cuando las prioridades o los gustos no coincidan.
          En tercer lugar, creo que una buena amante es con la que uno tiene gustos en común. Incluso si se tienen puntos de vista diferentes y lo que se hace con la amante es discutir, lo que les resulta atractivo al uno del otro es justamente que comparten esa pasión por el debate. En cambio con una novia, además de los gustos en común yo lo que encuentro más atractivo son las diferencias. Una buena novia es capaz de aprender de lo que lo apasiona a uno, y además lo hace a uno emocionar con lo que la apasiona a ella.
          Por último, pero no por eso menos importante, encontrar a alguien con quien uno pueda tirar rico no tiene precio, llámese novia o amante. El buen sexo no empieza en la cama sino muchísimo antes, y si uno encuentra a alguien con quien pueda jugar por horas y hasta por días (por teléfono, por MSN, en encuentros fugaces de pasillo) antes de repasar el Kamasutra, pues yo creo que vale la pena tener una amante.
          Yo creo que una buena candidata a novia debe también calificar como amante. Evidentemente si uno está pidiendo tanto, es porque considera que como mínimo puede dar también lo mismo a cambio. Y no creo que esté pidiendo imposibles. Tal vez, simplemente quedé tan malacostumbrado con mi última relación que ya no me transo por menos.

lunes, 6 de noviembre de 2006

¿Mujeres vs. Hombres?

Hace poco tuve la oportunidad de ver la última de Almodóvar: Volver. Aunque como obra de arte me pareció tan buena o mejor que las anteriores (La mala educación, Hable con ella y Todo sobre mi madre), creo que cumplió con su propósito de "película de viernes" porque me dejó pensando todo el fin de semana.
          Lo primero es que me recordó de forma maravillosa todo ese rico universo femenino de lazos de afecto, de rivalidades y rencores. Yo me crié entre mujeres y fui testigo de primera mano de la fuerza de carácter de la que pueden echar mano las mujeres, así como de su asombrosa capacidad para la compasión.
          Lo segundo es que para resaltar aun más la fuerza y belleza de estas mujeres, Almodóvar las contrasta con unos nefastos personajes masculinos cuya única misión en la vida pareciera ser "hacer sufrir a las mujeres que los amaron". Es ya una tendencia en las películas de Almodóvar que los hombres salgan mucho peor librados que las mujeres: así éstas cometan crímenes uno siempre acaba poniéndose de su parte, mientras que los hombres quedan casi como monstruos que, en el mejor de los casos, si no la han embarrado es por falta de oportunidad.
          ¿Será que lo estamos haciendo tan mal que esta visión de Almodóvar es la que comparten cada vez más mujeres? Espero que no. Si algo me devolvió la visión tan sesgada del director es que mis coqueteos con el Lado Oscuro me tenían al borde del precipicio del dogmatismo y estaba yéndome casi hasta el extremo de Almodóvar. Recordé que las mujeres no tienen que comportarse como lo haría un hombre para merecer mi admiración sino que, por el contrario, el mayor favor que pueden hacernos a los hombres es ser fieles a su naturaleza.
          Que mujeres y hombres somos diferentes como personas es una obviedad que a veces se nos olvida cuando nos equiparamos en derechos y obligaciones como ciudadanos y ciudadanas o como consumidores y consumidoras. Y es claro que como personas de distinto género tenemos problemas diferentes y formas propias de enfrentarlos, así como cualidades que pueden ser comunes pero que se dan más fácilmente en las mujeres que en nosotros.
          Por esto es que yo no aspiro a que venga una mujer y me resuelva mis problemas, pues creo que mi mamá me crió lo suficientemente bien como para no depender de ella. Así mismo, yo no me muero de ganas por hacer de papá de una mujer que aspire a que yo le resuelva sus problemas. Para mí es claro que cada uno debe responsabilizarse de sus propios problemas, pero me encantaría poder resolverlos juntos, como equipo, en una sociedad de dos en la que una mujer y un hombre podamos enriquecernos desde nuestras diferencias sin tratar de que la otra se parezca a mí y viceversa. En mi caso particular creo que lo que más extraño de tener una mujer en mi vida es la capacidad para la compasión, de enternecerse hasta el punto de dejar el ego y la racionalidad a un lado para ver al otro y tenderle la mano incluso cuando es mal negocio.
          En su psicoanálisis de los mitos, Joseph Campbell planteaba que en las historias de héroes siempre llega un momento en que el o la protagonista se ven en una situación en la que necesitan ser rescatados. El héroe, a pesar de su astucia y todos sus poderes no puede salir del problema hasta que llega su alma gemela a asistirlo, simbolizando así que como adultos nunca vamos a ser 100% independientes sino que en ciertas circunstancias vamos a tener que depender de otros, lo que nos convierte en interdependientes. La adultez consiste en aceptar ese hecho y encontrar con quién compartir el camino, no para recostarnos en su hombro, sino para hacer más agradable el trayecto.
          Almodóvar ya pintó su propuesta en la que las mujeres florecen sólo cuando se han deshecho de los hombres. Ahora quiero pintar la mía en la que tanto hombres como mujeres florecemos sólo cuando ambos salimos ganando.

lunes, 30 de octubre de 2006

Lo que las mujeres quieren

Hace un par de años conversaba con unas amigas sobre lo que esperábamos del futuro. Aunque ellas coincidían en que querían trabajar, medio en broma también decían que era preferible tener un marido que las mantuviera para poder trabajar medio tiempo en lo que realmente les gustaba sin la presión de costear el cómodo estilo de vida con el que soñaban. Hasta aquí no hay nada raro porque esa fantasía es justo lo opuesto a la realidad que debemos afrontar la mayoría: trabajos que no nos gustan a cambio de cierta estabilidad económica.
          Sin embargo, cuando yo (medio en broma / medio en serio) también manifesté que fantaseaba con que una esposa me mantuviera para poder dedicarme a escribir, todas estas viejas me cayeron encima como Valkirias furiosas. Ampliamente superado en número me atropelló su determinación para hacerme arrepentir de mis palabras. Algo que a ellas les parecía perfectamente aceptable aplicado a ellas, al menos al nivel de deseo reprimido, les parecía una horrorosa blasfemia si se aplicaba al caso contrario. Que cómo se me ocurría, que ellas jamás aceptarían a un mantenido o un arrimado, que en caso de tener hijos querían un man que las apoyara y no que fuera como un niño más por el cual preocuparse... Obvio. A mí tampoco me tramaba mantener a un ama de casa de tiempo completo, pero no tuve oportunidad de decirlo (menos mal porque ahí sí que hasta les hubieran salido llamas por los ojos).
          Aunque ya he tenido mis experiencias amargas con la hermética solidaridad de género femenina (si hay un desacuerdo entre un hombre y una mujer, automáticamente toda otra mujer se pondrá del lado de ella y entenderá perfectamente su reacción incluso sin haber escuchado todos los detalles del desacuerdo) me pareció curioso que todas mis contradictoras tuvieran otras cosas en común: todas eran profesionales de alrededor de 30 años, que ya llevaban algunos trabajando. Es decir, no estaba hablando con adolescentes consentidas por papi, sino por profesionales que habían sufrido el machismo del mundo laboral. Además la mayoría de ellas por esa época todavía vivían con sus padres y estaban padeciendo las restricciones de una sociedad patriarcal, por lo que yo hubiera esperado que tuvieran mente abierta sobre los roles de hombres y mujeres ya que habían sufrido en carne propia la discriminación. Me equivoqué. Simplemente querían todas las ventajas de la independencia, pero sin ninguna de las desventajas.
          Con el paso del tiempo prácticamente sólo me encontraba casos de mujeres profesionales que, ganando el doble o el triple que yo, todavía se rehusaban a irse de la casa paterna. Disculpas he oído muchas ("para qué me voy si aquí lo tengo todo", "estoy ahorrando", "mis papás no me dejan irme si no es casada...") pero creo que en el fondo las mujeres que conozco no se independizan porque les aterra la adultez. Prefieren aguantar las imposiciones de paternas a cambio de la seguridad que les da poder disfrutar de las comodidades que sus padres han conseguido después de 30 años de trabajo, incluso si se quedan sin empleo o no logren devengar lo suficiente para costear ese estilo de vida. En general les asusta vivir por su cuenta sin buscar cambiar al papá que les daba seguridad por otro papá que se diferencia simplemente por su título de "marido". Claro, las psicoanalistas podrán argumentar que en el fondo los hombres también buscamos una segunda mamá, o más bien una "mamacita" a la que sí podamos llevar a la cama. Puede ser cierto, pero en nuestra defensa puedo decir que somos muchos más los hombres que nos independizamos sin haber encontrado a esa segunda mamá que las mujeres de nuestra misma edad.
          Todas las mujeres se quejan del machismo, pero muchas de ellas lo fomentan con sus actitudes. Lo común es que cuando uno sale con alguien la vaya a recoger a la casa de sus padres (incluso las que tienen carro y posgrado), pero si es el caso contrario, la mujer en cuestión se da codazos con las amigas y hacen burlas maliciosas porque uno vive todavía en la casa de la mamá, lo cual interpretan como símbolo de inmadurez.
          Afortunadamente también me he encontrado con casos excepcionales en los que una mujer se gradúa y se va de la casa paterna a buscar su propio camino, no importa las estrecheces que deba afrontar al principio. Hay mujeres que asumen riesgos calculados por su cuenta, sin esperar a que les aparezca el hipotético marido que les dé la seguridad que no han sido capaces de encontrar dentro de sí mismas sin siquiera haberlo intentado. Me enorgullece saber que mi hermana es una de ellas. Se va para otro país, a vivir en otro idioma, a trabajar en lo que la apasiona y a lagartear el posgrado que la trasnocha, sin más contactos que la gente que ha conocido por Internet. Así que, después de todo, esa platica no se perdió.
          ¡Buena esa liebchen!

sábado, 7 de octubre de 2006

Condiciones para un repitis

Hace meses discutía con una amiga que estaba en el proceso de "volver" con su ex. Y pongo el volver entre comillas porque si habían terminado otras veces antes era porque ambos se habían dado cuenta de que su relación ya no funcionaba y que lo mejor era que cada uno cogiera por su lado. El motivo por el que estuve varias veces a punto de cachetear a mi amiga (como a la histérica de ¿Dónde está el piloto?) era que si para ambos era claro y hasta lógico que terminaran, ¿por qué se seguían buscando?
          Para mi sorpresa, el caso no era aislado. Entre más preguntaba, más me daba cuenta de que las parejas con mucha frecuencia se pegaban la 'cangrejiada' sin saber muy bien en qué se estaban metiendo. Y aunque de pronto la intención no fuera del todo "volver" sino sólo tener un 'repitis' para pasarla rico unas vacaciones o un fin de semana sin compromisos posteriores, por lo general alguno de los dos, cuando no ambos, sale aporreado y sobándose los chichones mientras ayayea lastimeramente.
          Pero así como me encontré casos de gente que había acabado odiando a su ex (o más bien "ex ex" porque se habían cuadrado dos veces), también me encontré con otros que habían continuado su relación de años incluso después de unas "vacaciones" (entiéndase como tiempo intermedio en que uno o ambos estuvieron cuadrados o vacilando con alguien diferente a su ex). Como quien dice, no necesariamente las segundas partes significan botar la platica que se va en la re conquista de su ex. Mi conclusión es que sí hay algunas condiciones que, aunque no son una receta infalible para volver bien, de pronto pueden ayudar a decidir si uno se mete o no en esa montaña rusa emocional.
          Primero que todo, la reconquista cuesta. Su ex ya conoce todos sus trucos: el escote estratégico, el combo "pantalón pegado-tanga brasilera", el ya conocido ramo de flores, el mensaje de texto al celular tipo "me encanta como te ves bajo la luz de la luna", susurrarle al oído con tono grave mientras bailan, etc. Si quiere al menos despertar la curiosidad, habría que pensar en renovar algo de la ropa interior que su ex ya se conoce todita, hacer planes distintos a ver televisión en la casa un sábado por la noche como cuando eran novios, leer o aprender sobre algo que su ex no tenga ni idea para darle algo nuevo que pique su curiosidad. Aunque renovar vestuario, salir a sitios nuevos y tramadores o aprender cosas nuevas demanda presupuesto, obviamente también implica algo tan difícil como cambiar cosas del propio comportamiento. Si usted es de los que cree que lo van a aceptar con los mismos defectos, haga lo que se le dé la gana, pero después no diga que no se le advirtió.
          Por otro lado, no importa si terminó con su ex hace dos años o hace dos meses, muy probablemente en ese lapso de tiempo esta persona haya cambiado en algo. Parafraseando a pequeña padawan, no piense que ya sabe cómo es su ex. Usted muy probablemente siga enamorado o teniéndole ganas AL RECUERDO de su ex, no necesariamente a la persona que tiene en frente. Como con cualquier relación nueva, no dé los gustos o reacciones de su ex por supuestas y tenga mente abierta para adaptarse a como es ahora o abrirse del parche para no dañar un bonito recuerdo.
          Así mismo, es muy importante tratar de no tener expectativas demasiado definidas. Obviamente por mucho que su ex haya cambiado seguramente quedará algo de las muchas cosas que a usted le atraían cuando eran pareja (y viceversa), pero eso no significa que porque fueran novios antes necesariamente volverán a serlo. Si cree de entrada que porque su ex le están haciendo ojitos ya puede ir comprando el perro labrador, la cama doble y la bicicleta para dos, puede que lo dejen como el ternero: mamando. Posiblemente su ex sólo le tenga ganas y nada más (de hecho, ¿qué mejor vacilón que alguien que ya le conoce las mañas y los gustos?), por lo que de pronto lo más sano sería arrancar sin prevenciones y ver qué pasa. Como con cualquier relación, si una cosa lleva a la otra, pues bacano. Si no, bacano también porque al menos lo intentó y sabe a ciencia cierta que no funcionó.
          Por último, diría que también es fundamental que ninguno de los dos esté en ese momento involucrado en otra relación seria. Aunque ha gente que disfruta lo prohibido, creo es más bacano gozarse a la persona que se tiene en frente sin tener que esconderse ni decir mentiras.
          Bueno, espero que Carrie Bradshow me perdone por meterme en su territorio. Y ustedes ¿qué creen que quedó faltando por tener en cuenta?

jueves, 28 de septiembre de 2006

Aaaaay ¡tan lindo!


Hace un año, cuando la que era mi novia en ese entonces se fue para Londres, lo que yo tenía presupuestado es que no iba a verla en al menos tres años (un par de años de ella por allá, más el año que pienso estudiar en Inglaterra). Tres años eran un sólido argumento racional para resignarme a que la relación se acabara independientemente de lo que sintiera en el corazón; perfecto para todo lo Virgo que era en ese entonces.
          Sin embargo, el lunes estaba en medio de una difícil reunión de trabajo, cuando ella me saludó por el Messenger y me contó que va a regresar al país este mismo año.
          Aclaremos varias cosas. Primero que todo, la posibilidad de que nuestra relación pasada continúe donde se interrumpió, o tan siquiera que haya campo para que se dé una nueva relación son bastante remotas, no tanto por mí sino por las circunstancias de ella.
          Segundo, sin el argumento de la separación por tres años me quedé sin la única base racional que me protegía de las emociones que había congelado, hasta el punto en que no sé cómo pueda reaccionar yo en el momento en que vuelva a verla.
          Tercero, desde que ella se fue no he estado nada cerca de tener una nueva relación con otra persona, a pesar de mis muchos intentos y falsas alarmas. Eso me dejó la autoestima por el piso porque durante este mismo tiempo ella sí claramente siguió adelante con su vida emocional mientras que esa parte de mi vida se quedó estancada.
          Todo esto que intenté expresar de forma clara y ordenada se me vino a la cabeza al mismo tiempo, a quemarropa. De una me dieron ganas de llorar, pero me tuve que aguantar porque me daba oso chillar en plena reunión. Cuando le conté esto a una amiga, lo que le nació decir fue "Aaaay... ¡tan lindo!", lo que en medio de mi consternación yo interpreté como "¡TAN GÜEVÓN!". Para mí este es el indicador más claro de mi transformación de virgo cuadriculado en piscis hipersensible, que aunque ya veía venir (mi hipótesis es que cada siete años se invierte la intensidad con la que nos influyen nuestro signo solar y nuestro signo ascendente) no creí que me fuera a afectar tanto.
          ¿Tan lindo yo? Supongo que uno debe aceptarse como es, pero por ahora no puedo evitar preguntarme si me sirve de algo. Temo que, al igual que Anakin Skywalker, el miedo acabe por impulsarme a buscar refugio en el lado oscuro, y la verdad ya no siento que tenga motivación alguna para resistirme.

PD: Afortunadamente el bajonazo que experimenté ese día se me pasó con el viaje a Bogotá.
          Lo que me tiene tranquilo en este momento es recordar la regla de oro que seguí durante los muchos años en los que me sentí más solo que un político honesto en el Congreso: "Mientras ella sea la novia de otro man, pensar siquiera en ella es tan inútil como arar en el mar".

lunes, 31 de julio de 2006

Crónica de una muy postergada despedida

Pues como había venido amenazando desde hacía varias semanas, ayer por fin logré despedirme de mi ex. A diferencia de ella, que logró superar esa relación pasada hace raaaaato, yo seguía "medio enredado" (esto es un delicado eufemismo para decir "mucho muy engrampado") sin siquiera darme cuenta.
          El domingo por la mañana desperté de un sueño más o menos así:
          Yo estaba en una instalación a la que había llegado con mi ex y en la que habíamos pasado un tiempo, que para efectos prácticos era como un internado. Debía ser de madrugada porque no había gente por los pasillos y todo estaba medio en penumbra y en silencio. Había recibido un mensaje de ella en el que me contaba que había logrado escaparse, y que ahora me instaba a hacerlo yo mismo.
          No es que yo estuviera precisamente a gusto en ese sitio, pero creo que necesitaba un empujón externo (como cosa rara) para decidirme a actuar. El asunto es que vi que uno de los internos había conseguido unas llaves y estaba intentando abrir una puerta para escapar. Yo lo estaba espiando para determinar si era viable unirme a la fuga o al menos descubrir cómo lo estaba haciendo para yo intentarlo por mi cuenta después. Robarle las llaves también estaba dentro de las posibilidades que pasaban por mi cabeza, pero justo en ese momento desperté.
          Ahí me sentí como el cerebro de Homero, que después de una cagada especialmente espectacular, dice "Se acabó, ¡me largo de aquí!" y se escucha cuando el cerebro cierra la puerta y se va con sus maletas. Ese sueño ya era el colmo y me levanté decidido a ponerle fin a esta situación tan incómoda.
          Necesitaba ayudarme en dos frentes: el consciente y el inconsciente. En lo consciente necesitaba no dar papaya exponiéndome al recuerdo del pasado, por lo que recogí todos los recuerdos, cartas, tarjetas, fotos y cosas así que logré encontrar. Fui tan concienzudo que hasta un relato recreando la noche en que nos conocimos fue a dar a la caja donde guardé todo. Del computador borré todo (los contactos de MSN y Skype, las fotos que ella mandó desde que llegó a Londres). Aprendí que un apego negativo es tan vinculante como cualquier otro apego, por lo que descarté la idea de estampar en una camiseta las fotos de ella con su flamante novio costeño, que yo había bajado con la esperanza de que me ayudaran a desengañarme.
          Ahora en lo inconsciente, necesitaba hacer el ritual de despedida, por lo que antes de borrar de Skype su número de móvil, la llamé para despedirme. Afortunadamente las lágrimas no me impidieron decir lo necesario ni me afectaron la voz. Cuando colgué, borré el número y fotocopié una foto de la caja para continuar con el ritual. Allí revisé mentalmente la llamada y caí en cuenta de que entre todas las cosas que le dije (hablamos como 10 minutos) por ninguna parte me despedí. Maldiciendo la asombrosa habilidad de mi mente para la evasión, tuve que empezar a buscar nuevamente el número para volverla a llamar; casi no lo encuentro (fui bastante concienzudo). Rojo de la vergüenza por el oso que estaba haciendo (espero que mi amigo "anonymous" esté frotándose las manos de regocijo por esta oportunidad dorada de decirme lo patético que soy) le ofrecí disculpas por la boleteada, y ahora sí le dije claramente que me quería despedir, que muy querida, muy de la casa, pero que esperaba que fuera muy feliz sin mí. Hábilmente, ella me dijo que en un futuro lejano esperaba poder ofrecerme "otro tipo de relación", con lo que cerraba herméticamente cualquier rendija por la cual mi mente inconsciente hubiera podido evadirse con esperanzas de una remota e improbable reconciliación futura.
          Libre por fin, me llevé la copia de la foto al río. Repetí en voz alta lo que le dije a ella por teléfono, rompí la foto, hice una bola con los pedazos y la arrojé al río. Lamentablemente la bola no era muy aerodinámica y fue a parar a una mata. Aterrado por el mal augurio, bajé como loco a buscar el papel y asegurarme esta vez de que sí se lo llevara la corriente. Observé fijamente cómo se alejaba la foto y lo que representaba hasta que se perdió de vista.
          Ahora, el ritual está completo. De la experiencia me quedó una muy querida amiga en Londres y una taza de té que por fin está vacía de nuevo.

domingo, 23 de julio de 2006

Cuando el ex de tu novia es nadie menos que Superman


Creo no estármele tirando la película a nadie si revelo que en esta entrega Loise Lane vive con el novio. Tampoco creo que alguien deje de disfrutarla si además aclaro que el novio no es Superman, ni siquiera Clark Kent, sino Richard, el sobrino del dueño del Diario El Planeta.
          Sin embargo, me arriesgo a ser abucheado (como Homero Simpson a la salida de Star Wars: Empire strikes back por revelar la identidad del padre de Luke) por una buena razón: todavía no me deja dormir la angustiante sensación de sentirme identificado con Richard.
          En primer lugar, el ex de su novia es nadie menos que Superman. Ojo, no estamos hablando de Brad Pitt o de David Beckam, nooooo... es SUPERMAN. El maldito no sólo es pinta, inteligente, sensible (hasta allí Richard tiene ?chico? de competir) sino que para aplastar como a una cucaracha la autoestima de cualquier rival, Superman tiene toda una serie de atributos que ningún otro hombre tiene en su haber.
          Para empezar, el tipo tiene el encanto exótico de los extranjeros (que su país de origen esté en otro planeta no lo hace menos extranjero; de hecho creo que el hecho de ser extraterrestre les pica todavía más la curiosidad a las viejas); puede volar tan rápido que puede estar casi en todas partes para rescatar a las nenas en apuros; además su trabajo es tan pero tan noble que en comparación uno no puede evitar sentirse tan vil como un traqueto o un productor de porno infantil. Para rematar, Loise no se ha casado con Richard después de tantos años de vivir juntos porque en el fondo, nunca ha dejado de amar del todo a su ex.
          En lo que me siento como Richard, es en que desde diciembre pasado todas las mujeres que me han llamado la atención padecen del síndrome de Loise Lane: tienen una relación no concluida con el ex novio que les impide concentrarse en el presente (o sea yo). La vaina es que aunque el baboso de turno no sea precisamente Superman, el hecho de que no sea juzgado por lo que es, sino por la imagen de cómo ella lo recuerda. Como la memoria es supremamente selectiva, los buenos recuerdos suelen parecer todavía mejores de lo que en realidad fueron, mientras que uno sí debe asumir las consecuencias de sus actos.
          Por ejemplo, aunque el ex novio no sea Superman, parece que lo fuera porque está en todas partes (obvio, está en la cabeza de ella) mientras que a uno le toca hacer malabares para que le acepten una salida o cuadrar algún espacio donde cuadren los horarios de ambos. Además, si la relación pasada 'terminó' por alguna razón externa a la pareja como la distancia, el mancito siempre va a ser "divino" porque sus cualidades tenderán a ser exageradas y sus defectos minimizados gracias a que el afecto nunca desaparece del todo. Ante semejante panorama, el fantasma del ex novio es casi tan intimidante como lo es Superman para el novio actual de Lois Lane.
          Afortunadamente creo haber encontrado la solución al tal síndrome. Una amiga de Bogotá me hizo caer en la cuenta de que si sólo me llaman la atención las colegas de Lois Lane muy posiblemente se deba a que yo mismo lo padezco todavía. Efectivamente, aunque mi última relación no era perfecta, sí ha sido la que más me ha llenado y se 'acabó' por la distancia más que porque hubiéramos tenido alguna razón interna para terminarla (aunque por supuesto no estaba exenta de problemas). Ahora me doy cuenta de que no he hecho el duelo por la separación como es debido, y posiblemente todavía estoy enredado en la misma situación que le critico a Lois Lane.
          Si para dejar de sentirme como Richard debo hacer un ritual de despedida, creo que no tengo mucho que perder y sí todo el universo por ganar.

sábado, 24 de junio de 2006

La frase de Frasier

Durante algún tiempo he estado buscando una mujer que no tenga miedo, que no tenga traumas de un noviazgo pasado, que no tenga un pasado tormentoso que la persigue, que no dependa (demasiado) de los papás.
          Durante algún tiempo he estado buscando una mujer que sea divertida, inteligente, interesante, bonita, que sea tan independiente que respete que yo valore tanto mi independencia.
          Tras muchas falsas alarmas, he optado por obviar tantos requisitos y acogerme a la frase más memorable (para mí) de Frasier: "Well, it's hard to say what I want. It's been so long since I've really fallen for someone. You know that feeling you get after a first date, when you can't even sleep? You just lie there in bed awake, thinking about her. That's what I want". (Bueno, es difícil decir qué quiero. Ha pasado tanto tiempo desde que me enamoro realmente de alguien. ¿Conoces esa sensación que tienes después de la primera salida, cuando ni siquiera puedes quedarte dormido? Simplemente te quedas en la cama, despierto, pensando en ella. Eso es lo que quiero).