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sábado, 16 de abril de 2011

¿Cómo hacer que la piratería no sea más una amenaza para los derechos de autor y patentes?

Creo que la concepción que tenemos de las patentes y derechos de autor son una reminiscencia de cuando se pensaba que la mejor forma (incluso la única) de producir algo de lo cual se pudieran explotar de manera muy rentable los derechos de autor era a través de una gran compañía. Pero otro modelo emergió y muy probablemente se convierta en la forma dominante (aunque no la única) de aportar al patrimonio cultural de la humanidad y hacer dinero al mismo tiempo. Pongo varios ejemplos.

El cine

En el caso de las películas, seguimos el patrón de mediados del siglo 20 donde para que a una película le fuera "bien" se requería de un gran estudio que dispusiera de gigantescos platós, cientos de extras, batallones de maquilladores, técnicos, extras, actores y guionistas para filmarla. Además bien aceitados departamentos de mercadeo que la promocionen en los circuitos de distribución para que llegue a muchos teatros, organice con los medios entrevistas a los actores, la envíen a concursos y festivales de cine, etc. Un gigantesco esfuerzo para que la idea que salió de la cabeza del guionista finalmente se convierta en la boleta que paga cada espectador para verla en una sala de cine en forma de película. Por eso en la época dorada de a Hollywood, antes de la llegada de Hitchcock, la figura más importante (casi que la garantía de calidad) de una película no era el director sino el productor.

La música

Algo muy parecido pasaba con la música, donde una poderosa disquera se necesitaba para reunir el talento de decenas de escritores, arreglistas, ingenieros de sonido, productores, músicos y cantantes en un carísimo estudio de grabación para que un grupo de canciones se materializara. Y una vez allí, era la disquera la que organizaba colecciones que se pudieran distribuir en un medio físico como los discos. Esa es la razón por la cual un álbum tiene en promedio 13 canciones, de las cuales sólo dos se convierten en éxito, tres "aguantan" y el resto son francamente relleno. Y ya con el disco bajo el brazo la labor de promoción de la disquera era la que llevaba las canciones a la radio, muchas veces sobornando a los DJs para que suenen una y otra vez canciones que no necesariamente les gustan pero que con tanta exposición acaban "pegando". Y vienen las giras de conciertos, las entrevistas en los medios y toda la exposición que motiva a la gente a comprar los discos. ¿Se imaginan hacer todo ese esfuerzo cada vez que a un artista le da la gana de crear cada canción sueltica?

Los libros

Algo muy parecido pasaba con los libros. Aunque la literatura es un asunto más personal entre el escritor y su editor, finalmente eran las grandes editoriales las que decidían si un texto merecía la carísima apuesta de hacer los estudios de mercado, contratar ilustradores, imprimir los ejemplares, distribuirlos en las librerías, hacer que los medios entrevisten al autor, que hablen del libro en las columnas de opinión o llevarlo a festivales para que al final la gente tome la decisión de comprar el libro.

El software y otros casos

La industria del software trató de copiar este mismo modelo, motivando a que piezas complejas como sistemas operativos se produjeran en grandes compañías reuniendo en un edificio a genios de las ciencias de la computación con cientos de programadores y diseñadores gráficos. Como un software es inherentemente copiable, trataron de “amarrar” su distribución a los computadores nuevos (por eso antes era tan difícil encontrar computadores que no trajeran ya el DOS, Windows o MacOS pre-instalado) y lo están haciendo con los teléfonos para internet (smartphones).

Un nuevo modelo de distribución

Y así hay ejemplos en casi todo, desde los pintores y fotógrafos que necesitaban grandes galerías para exponer, los periodistas a los grandes periódicos para ser leídos, hasta los ilustradores que necesitaban a las editoriales. Pero gracias a los computadores personales e Internet, surgió otro modelo donde el creador solitario que quiera expresar su creatividad (con una canción, un video, un libro, un artículo, un dibujo o una foto) puede crear sofisticadas piezas musicales o de animación sin salir de su casa. Grupos de individuos pueden colaborar a través de Internet para producir desde un blog hasta un sistema operativo (como fue el caso de Linux) y usar a la misma red para llegar al público. Ya no dependen de una gran compañía con grandes recursos para producir las obras y hacer que lleguen al público a través de mecanismos de distribución tradicionales sino que pueden hacerlo directamente a través de canales como flickr, YouTube, twitter, iTunes, AppStore o NetFlix. Y esto apenas está comenzando.

Por este cambio de modelo, los derechos de explotación y las patentes cada vez son menos necesarios, ya que no se requiere de una gigantesca inversión inicial que se deba proteger de la piratería. Probablemente las cosas evolucionen de manera similar a la radio: las canciones las podemos escuchar gratis por radio a cambio de que nos expongamos a su publicidad, pero si queremos escucharlas cuando y donde queramos sin publicidad, pues compramos el disco. De manera parecida, los contenidos que hoy se busca proteger de la piratería se deberían publicar gratis en Internet y las ganancias por publicidad se reparten entre quien publica (por ejemplo Facebook o Google) y el autor. Si un contenido me gusta mucho, pues hago una donación directa al autor via PayPal o compro el contenido libre de publicidad por un precio razonable.

De hecho, ya este nuevo modelo se está consolidando y fórmulas intermedias ya existen en USA y Canadá. Por ejemplo, yo prefiero pagar US$1 por una canción que me gusta a que me obliguen a pagar US$15 por la misma canción más otras 12 que son relleno. Así mismo prefiero pagar US$3 por una revista que pueda ver en un Kindle/iPad que los US$10 que me cuesta traer el mismo ejemplar impreso y que va a perder vigencia en un mes.

Obviamente los formatos y mecanismos de distribución viejos no desaparecerán: seguramente la gente seguirá comprando ocasionalmente el CD con los grandes éxitos en la caja bonita, o la edición en pasta dura de los volúmenes de Harry Potter, pero difícilmente constituirán la forma usual en que la gente acceda a los productos culturales.

Ask me anything. I deal better with "why" and "how" than with "what".

lunes, 1 de junio de 2009

Autopropaganda de Abadía en El País

Parafraseando a Britney Spears, “Oops! I did it again”. Otra vez el lujo de gobernador que nos mandamos los vallecaucanos nos encontramos con un aviso pagado de media página en el periódico El País de Cali del domingo 31 de mayo de 2009. Y otra vez, no se trata de un aviso divulgando las obras realizadas por la Gobernación del Valle o al menos una convocatoria para participar en un proyecto de la entidad departamental.

          No. Como ya se le volvió costumbre al gobernador, nos encontramos con un aviso donde habla de las maravillosas obras que él, con nombre propio, va a hacer. No sé a ustedes, pero a mí me parece irresponsable pagar para anunciar cosas que ni siquiera se han hecho. Una cosa es convocar una rueda de prensa para promocionar por free-press los proyectos que requieren de la participación de la comunidad. Incluso aguanta que se pague un aviso para mostrar resultados, como la típica foto de gobernante con las tijeritas inaugurando una obra, recursos muy bien utilizados por mandatarios anteriores como Carlos Holguín o Germán Villegas.

          Pero lo que me parece de muy mal gusto es atribuirse personalmente la autoría de esas obras (que ni siquiera se han hecho) como si fueran a salir del bolsillo de él: se lee “uno de los programas bandera del Gobernador Abadía” en lugar de “uno de los programas bandera de la Gobernación del Valle”.  Es que una cosa es hablar de la gestión de una institución y otra muy distinta es hablar de una persona. Por ejemplo, en Cali se ven por todas partes vallas de la Alcaldía haciendo promoción de sus programas institucionales, pero por ninguna parte se ve la foto o el nombre del funcionario que dirige esa institución. Independientemente de si aprobamos o no la gestión del alcalde, para todos es claro que aunque él sea el responsable (quien debe responder) no se lleva el crédito porque no es algo que haga él solito con SU plata sino todo un equipo de trabajo con NUESTRA plata. Algo similar podría decirse de Uribe, quien a pesar de ser tan querido por RCN no manda poner su foto o su nombre propio en los anuncios institucionales, sino el sobrio sello de la Presidencia o el escudo de Colombia.

          Por otro lado, hay que admirar la forma como los responsables de su campaña publicitaria han sabido manipular la imagen. En la foto del aviso en cuestión, sale Abadía junto a nadie menos que el Presidente de la República (“a la diestra de Dios Padre”) quien, con cara de despistado, no podía saber que esa foto iba a ser usada luego para que la buena imagen que muchos tienen de Uribe se transfiriera por asociación al mandatario regional.

          También llama la atención en esa foto que Abadía aparezca PRECISAMENTE en el centro de un círculo rojo (como la aureola de los santos)  donde se lee con todas sus letra “REPÚBLICA DE COLOMBIA”. Quisiera creer que fue una simple coincidencia donde todos los elementos cuadraron preciso en ese instante y justamente en el ángulo en que estaba el fotógrafo oficial para que la composición quedara así: la cara de Abadía asociada a un símbolo propio de los santos y con una leyenda explícita que lo relaciona con la república de Colombia. Pero es que esta coincidencia sumada a tantas otras coincidencias en el mismo aviso ya sugieren más bien una intención que pura chepa.

          En conclusión, este anuncio tiene todas las características de una campaña política para promocionar el nombre de un candidato. Por haberse hecho con recursos de la Gobernación, (en ninguna parte leí que fuera pagado por el papá, un grupo de simpatizantes o por sus oscuras amistades, así que se asume que lo pagó la Gobernación) es un uso indebido de nuestra plata para beneficio personal del candidato. Y lo más grave, es que no se trata de un desliz producto del descuido, sino que es uno más de una serie de actuaciones similares (como los millonarios afiches de Abadía como abanderado de los Juegos Nacionales) que ya no pueden pasar como desliz ni como coincidencia, sino como una clara estrategia intencional de posicionar la imagen de Abadía con nuestra plata. Y hacer campaña política (pagar para divulgar sus promesas) con recursos públicos es un comportamiento que merece como mínimo una investigación disciplinaria de la Contraloría.

domingo, 14 de septiembre de 2008

¿Censura a los blogs en Colombia?

El pasado 25 de agosto una amiga bloguera de Cali me dijo que no podía entrar a los blogs de blogspot.com que ella acostumbra leer. Como yo desde mi casa podía entrar a esos blogs sin problemas, concluimos que blogger.com (la plataforma de blogs más usada en el mundo) funcionaba normalmente y más bien era un problema de acceso desde la oficina de ella. En su indignación, mi amiga alcanzó a especular que de pronto los de sistemas de su oficina le hubieran bloqueado el acceso a los blogs. Y  como hay empresas que bloquean el acceso a hi5, Messenger y  facebook, pues no sería raro que en este caso hayan decidido hacerlo con blogger.com
          No volví a pensar en eso hasta que otra amiga, pero esta vez de Bogotá, me dijo ese mismo día que no podía entrar a este blog. Ahí sí entré en pánico.  Le comenté que una amiga de Cali tenía el mismo problema, así que era demasiada coincidencia como para pensar que en dos empresas distintas en ciudades diferentes hubieran bloqueado el acceso a blogspot justo el mismo día. Eso tenía que ser un problema del proveedor. Así que les indiqué a las dos por MSN y GoogleTalk cómo hacer una traza de los servidores por los cuales pasaba su conexión a ver si determinábamos dónde era que se caía.
          Si quiere hacer el experimento con su conexión, en Windows vaya al menú Inicio y escriba la palabra “cmd” en “Ejecutar Programas” si es XP, o en “Iniciar búsqueda” si está padeciendo Vista. En la ventanita de fondo negro que se abre, escriba “tracert apoloduvalis.blogspot.com” (o cualquier otro dominio que quiera verificar) y le debería salir algo como esto:


Traza a la dirección blogspot.l.google.com [209.85.133.191]

sobre un máximo de 30 saltos:
  1    <1 ms    <1 ms    <1 ms  192.168.0.1
  2     3 ms     2 ms     2 ms  192.168.1.1
  3    42 ms    39 ms    42 ms  dsl-emcali-190-99-224.1.emcali.net.co [190.99.224.1]
  4    39 ms    40 ms    44 ms  172.16.1.3
  5    51 ms    47 ms    53 ms  190.90.2.25
  6   106 ms   104 ms   101 ms  so-4-2-3-nmi-core01.nwnnetwork.net [63.245.40.157]
  7   107 ms   104 ms   103 ms  63.245.5.92
  8   103 ms   104 ms   103 ms  63.245.46.22
  9   122 ms   124 ms   120 ms  209.85.254.252
 10   123 ms   124 ms   122 ms  72.14.238.127
 11   135 ms   122 ms   124 ms  72.14.236.117
 12   137 ms   125 ms   125 ms  209.85.177.186
 13   121 ms   125 ms   124 ms  an-in-f191.google.com [209.85.133.191]
Traza completa.


Como se ve en el tercer salto, mi proveedor es Emcali, mientras que mis amigas estaban ambas usando Telmex. El marqués también estaba preocupado porque esa misma semana no lograba entrar a su blog desde la Javeriana, y lo mismo pasaba desde la Icesi. Esto me iba pareciendo cada vez más grave porque la mayoría de las universidades de Cali están interconectadas por la RUAV, cuya salida internacional es también Telmex. Que en una empresa privada le bloqueen a los empleados el acceso a los blogs pues no tiene nada de raro, sobre todo si su actividad nada tiene que ver con la información que allí se publica y más bien puede considerarse una distracción que amenaza la productividad. Pero que bloqueen el acceso a este recurso a las universidades, sí ya me parecía gravísimo y sin mayor justificación. Por eso me parecía más razonable pensar que era un problema técnico de Telmex lo que impedía el acceso a blogspot.com, más aun cuando a los pocos días se normalizó el acceso sin que en los principales medios dijeran algo sobre censura. Además, si hubiera censura estatal, lo lógico es que hubiera empezado primero con las empresas estatales como Emcali y no con las privadas de capital extranjero como Telmex.
          Así lo expresé en nuestro programa de El Clavo en Radio dedicado a Internet del día 14 de septiembre de 2008. Sin embargo, en el programa dedicado a los blogs del día 21 de septiembre, el director de la Carrera de Comunicación de la Javeriana Cali, el profesor Jorge Manrique, dice que lo que había pasado en la semana del 25 de agosto era que la Fiscalía había solicitado a los proveedores de Internet bloquear el acceso porque habían detectado casos de pornografía infantil. Otro amigo me dijo que un empleado de Telmex le había contado un chisme muy similar a su hermano. ¿Dos fuentes independientes con el cuento de la censura de la Fiscalía no es mucha coincidencia?
          Si esto llegara a ser cierto, ¿no sería tan grave como las restricciones a la libertad de expresión que hacen que miremos con horror a China y Cuba? Si esto llegara a ser cierto, ¿por qué no sale una sola palabra al respecto en Semana, El Tiempo, El Espectador o Caracol? ¿O es que nos están acabando la libertad de expresión como lo anticipaba Un Pasquín, sin que nos diéramos cuenta?
          ¿Qué fue lo que pasó la semana del 25 de agosto con el acceso a blogspot.com en Colombia?

domingo, 8 de julio de 2007

¿Televisión estúpida para gente estúpida?

Todavía recuerdo la primera vez que fui a mercar para llenar mi nevera de soltero. Había varias botellas de Coca-Cola (obviamente), carnes frías, quesos y pan para armar sánduches, varios tipos de pasabocas, Müesli y Zucaritas para desayunar y por supuesto, el paquete de 12 chocolatinas Jet. Obviamente con el tiempo fui agregándole comida de verdad a mi mercado, pero lo que quiero ilustrar es que si eso me pasó a mí siendo ya adulto, imagínense lo que mercaría un adolescente o un niño si tuviera la libertad para hacerlo.
          Yo apostaría a que un niño moriría primero de un infarto antes que dejar de pedir exclusivamente la cajita feliz de McDonald's. Afortunadamente la cultura alimenticia tiene la inercia de miles de años, por lo que nuestras mamás, abuelas y un ejército de tías nos atormentan con vegetales, ensaladas, jugos, frutas y otras cosas que no comeríamos sólo por gusto. Y por lo general esa práctica nos mantiene con vida hasta que somos conscientes de que, además de lo que nos gusta y lo que nos vende la publicidad de comida chatarra, debemos comer algo que nos nutra. Si lo que comemos cumple ambos criterios, maravilloso.
          De manera similar a lo que pasa con la alimentación, yo creo que la televisión que vemos no debería producirse con el único criterio de satisfacer un placer inmediato. No creo que esté mal usar la caja boba para divertirse (yo no me pierdo Scrubs ni Dave el bárbaro , dos de los programas más idiotas de la televisión), pero creo que debería haber variedad y calidad en los contenidos. Además hay que tener en cuenta que la televisión no es un lujo como un Ferrari Enzo o un jet privado, sino un servicio público prestado usando un recurso público (el espectro electromagnético), incluso cuando es un servicio prestado por operadores privados como RCN y Caracol. Lo malo es que, a diferencia de la cultura alimenticia, nuestra cultura televisiva todavía está en pañales, y no tenemos ancestros curtidos por miles de años de selección natural que nos enseñen a dosificar el tiempo que dedicamos a ver programas informativos, educativos, de opinión, y claro, de pura evasión. Ahí está la débil e influenciable Comisión Nacional de Televisión, (peor es nada), pero creo que nos toca a nosotros como espectadores, como clientes, hacer presión para favorecer las iniciativas que traigan variedad y calidad por encima de las fórmulas homogéneas optimizadas sólo para producir beneficios.
          Mareña afirma que ella por ver televisión estúpida no es ella misma estúpida, pero creo que tiene la ventaja de años de formación que la mayoría de los televidentes no tiene. Volviendo al ejemplo de la alimentación, a alguien bien alimentado no lo va a matar comerse una Big Mac de vez en cuando, pero posiblemente sí pueda matar de un infarto a alguien ya obeso o malnutrido.
          Por su parte Vladimir clama que es arribista dividir a la gente entre estúpida y Rodolfo Llinás, pero lamentablemente los índices de abstencionismo en las elecciones y los altos niveles de pobreza en nuestro país me inclinan a pensar que probablemente seamos más los estúpidos que los Llinás. Y por eso pienso que, a menos que queramos seguir siendo como somos, cambiar la televisión puede ser un factor influyente en el camino para salir de la olla.
          Afortunadamente yo he podido arreglármelas para seguir pagando cable, y además de porno, dibujos animados y comedias he podido ver también recitales de laúd en Film & Arts, películas independientes en Cinemax, buenos noticieros y programas de opinión en Citytv, otras visiones del mundo gracias a CNN y TeleSur. Así como nuestro cuerpo se construye con lo que comemos, pienso que nuestra visión del mundo se nutre de la televisión que vemos. Lamentablemente quienes están condenados a ver lo que transmiten los canales nacionales no tienen siquiera la opción de elegir que yo he tenido. Posiblemente reaccionen con disgusto si les dan menos telenovelas, realities y “noticias” de la farándula y el entretenimiento, tal y como lo haría un niño obeso al que por primera vez le dan ensalada de verduras. Sin embargo, también es posible que muchos se interesen por otras cosas si tienen acceso a ellas, y no se contenten con lo que les dan porque desconocen que haya algo más.
          Tal vez no sea demasiado tarde para muchos niños, que al fin y al cabo serán el público de los medios del futuro. Hay quienes predicen que incluso serán ellos quienes nutran dichos medios. Pero para que puedan sacar ventaja de semejante poder, tal vez deberían consumir algo más que sólo goles, tetas y la humillación pública por plata o gracias a las ‘pegas' y a los También caerás .
          Una visión de ese futuro (gracias a Angelus):


martes, 3 de julio de 2007

La televisión estúpida

¿A quién le gustaría ver todos los detalles del caso de la Virgen que apareció en un plátano? ¿Quién buscaría en el noticiero de la noche la otra cara de la intrigante historia del plátano que resultó ser banano? Pues según los canales privados, nosotros porque lo que era una historia pintoresca local, acabó ocupando pantalla en los noticieros nacionales habiendo cosas más urgentes que tratar pero que no prenden televisores.
          Eso pasa porque a los canales privados lo único que los mueve es el índice de sintonía, no la responsabilidad social ni el compromiso con la verdad. Es como si en las facultades de medicina cerraran las clases que no sean de cirugía plástica o nutrición con el argumento de que a la gente hay que darle lo que pide, no lo que necesita. Cuando la gente se empiece a morir de cáncer, trastorno bipolar o neumonía por falta de prevención, ya va a ser demasiado tarde porque no van a quedar suficientes médicos para atendernos.
          De la misma forma, los canales privados parten de la premisa de que es más rentable emitir contenido que satisfaga al común denominador del público. Todos tenemos en la zona subcortical de nuestro cerebro un cocodrilo que clama a gritos experimentar emociones primarias con gratificación instantánea de los más bajos instintos. Por el contrario, pocos tienen en su cabeza un Rodolfo Llinás o una María Jimena Duzán, entonces estos canales prefieren emparejar por lo bajo.
          Y así se realimenta el círculo vicioso que, por falta de opciones, incentiva la simpleza y la estupidez en lugar del espíritu crítico y la sensibilidad, lo cual confirma la hipótesis de los canales privados: " si la gente es estúpida y lo que da sintonía es lo que la gente quiere, pues hagamos televisión estúpida ".

lunes, 2 de julio de 2007

Del fino arte de comentar

Don Lanark volvió a las andanzas con una entrada a su bitácora titulada “Este blog no se acabó”. Y bueno, aunque habla sobre la falta de voluntad para escribir, no me parece del todo paradójico que incluso ese tema amerite comentarios. No me aguanté las ganas, y me salió una pastoral que preferí publicar aquí.
          Creo que cuando uno pierde el ímpetu por decir cosas muchas veces es cuando se vuelve más dispuesto a escuchar (o en este caso particular, a leer) y a comentar sobre las ideas de otros. El fino arte de comentar no parece tan glamoroso como el de publicar en la propia bitácora, pero creo que si hago un recuento del tiempo que paso conectado, buena parte se me va comentando en blogs ajenos. Todos esos bytes fruto del sudor de mis dedos deberían poderse incluir en la hoja de vida o algo así.
          En primer lugar, me parece muy interesante la forma como Adriana pide a sus lectores que cuando abran la boca (o publiquen el comentario) se aseguren de correr riesgos; nada de palmaditas en la espalda. Por correr riesgos yo entiendo decir algo nuevo que no se haya dicho antes, que aporte a la discusión, que confronte al bloguero o que lo incite a asumir una posición más comprometida. Por ejemplo, hay comentarios de Vladimir que me han exigido re-pensar algunas cosas y argumentar más sólidamente mis hipótesis. ¿Qué más se le puede pedir a su público?
          Claro, también están los trolls, que más que todo comentan para armar tropel o atacar al autor en lugar de aportar. Recuerdo la alegría de Lanark cuando pensó haber encontrado a su primer troll; ese era el indicador objetivo de que su blog se estaba volviendo famoso. Yo tal vez soy todavía demasiado intolerante como para aguantarme uno, pero he tenido la fortuna de que cuando he recibido comentarios en contra de mis propuestas, han sido con altura. Yo también me alegré cuando creí encontrar mi primer troll, pero resultó ser sólo un ex novio celoso respirando por la herida, sin mayores argumentos ni interés más allá del post específico donde comentó.
          A muchos de los blogs que me gusta leer he llegado gracias a los comentarios de sus autores en otras bitácoras. Cuando encontraba una posición especialmente llamativa o bien argumentada, me gustaba rastrear al comentarista hasta su blog para saber si sus propios artículos estaban a la altura de sus comentarios. Y claro, en muchos casos no era así, pero entonces me daba la impresión de que era más mérito del autor escribir artículos tan buenos que motivaban comentarios igualmente buenos de gente que por lo regular no publicaba algo especialmente brillante. También he leído gente que prefiere hacer de Sócrates y comentar lo estrictamente necesario para que los autores de los blogs reflexionen y se cuestionen sobre lo que escribieron y a veces llegan a conclusiones más interesantes. Para mí ese es el comentarista super saiyajin, que logra un máximo efecto con el mínimo de palabras, sin imponer sus ideas sobre las del autor, pero al mismo tiempo ayudando a pulirlas. Qué pesar que con la migración de la plataforma de Blogger se haya perdido esa forma automática de llegar a muchos blogs a través del perfil de quien dejó el comentario. Las bitácoras basadas en Wordpress al menos dan la opción de dejar el URL del propio blog para quienes quieran seguirlo.
          No recuerdo quién decía algo como que uno no debería escribir a menos que le fuera absolutamente imposible no hacerlo. Antes que escribir por escribir o por complacer a sus fans, me parece preferible comentar y/o leer los blogs ajenos como una forma de tomarse unas merecidas vacaciones mientras se vuelve a sentir ese impulso por escribir las propias ideas. Mientras tanto, ¿qué tienes para decir?

jueves, 31 de mayo de 2007

¿Por qué quiero estudiar periodismo de revistas en Bournemouth?


Quiero cursar una maestría en periodismo de revistas para cualificar mi trabajo con jóvenes universitarios de todo el país relacionado con iniciativas de publicación de impresos orientados al fortalecimiento del ejercicio de la democracia y la divulgación científica.
          Este interés surge a partir de mi desempeño como editor y escritor de EL CLAVO, una publicación impresa independiente de circulación nacional dirigida a jóvenes universitarios (ver www.elclavo.com ). Esta actividad me ha permitido desarrollar en la práctica habilidades para interactuar efectivamente con el público joven, una audiencia especialmente exigente. La maestría que me propongo cursar brinda la oportunidad de profundizar en los aspectos conceptuales de varias áreas de las Humanidades que complementan mi formación como ingeniero, y además aborda el desarrollo de habilidades para la escritura periodística y creativa. Adicionalmente este programa hace énfasis en los aspectos específicos de la expresión a través de revistas, que me ayudarían a entender mejor por qué lo que estamos haciendo funciona y a proponer formas innovadoras de desarrollar los medios de comunicación en los que he venido trabajando.
          Una vez regrese al país después de realizar mis estudios, contaría con una acreditación académica formal en humanidades que me permitiría trabajar como primero docente en el área de comunicación impresa, especialmente en la divulgación científica, y segundo como profesional en la gestión de proyectos de emprendimiento alrededor de la expresión escrita en formatos alternativos. Esto es importante porque los medios escritos en general, y las revistas impresas en particular, permiten un nivel de análisis de la realidad diferente al de otros medios más masivos como los audiovisuales. Entre más propuestas de revistas de buena calidad existan en el mercado, más opciones van a tener quienes quieran digerir y repasar hechos, argumentos, análisis y puntos de vista en una forma que tiene un impacto más racional que emocional. Considero que ofrecer este tipo de opciones a los jóvenes universitarios es muy importante porque ayuda a formar ciudadanos que no traguen entero, que cuestionen y sean más bien agentes de transformación de lo que consideran va en contra de su bienestar.
          Adicionalmente, hemos evidenciado que las comunidades a las que hemos alcanzado pueden sacar mayor provecho de las publicaciones impresas cuando éstas se complementan con ediciones en línea con las que pueden interactuar de manera más inmediata a través de sus comentarios y sus propias colaboraciones. Parte de mi interés es también profundizar a mi regreso en el desarrollo de este tipo de interacción gracias a mi formación como ingeniero de sistemas y a mi experiencia como webmaster y desarrollador de proyectos de eLearning y gestión del conocimiento basados en Internet. Considero este aspecto importante porque los jóvenes tienden a percibir el mundo a través de muchos medios de comunicación que convergen y es necesario repensar la forma como los medios escritos impresos interactúan y se retroalimentan mutuamente. En la medida en que sólo una pequeña porción de la población del país dispone de una conectividad comparable con la de países como Estados Unidos, considero importante reforzar este aspecto de la interactividad en los medios impresos que pueden llegar a quienes no tienen acceso a Internet (la vasta mayoría de nuestra población).
          Por otra parte, gracias a mi formación en ciencias básicas tengo un especial interés en trabajar en proyectos de divulgación científica que incentiven el interés de los jóvenes en disciplinas necesarias para el desarrollo tecnológico y económico del país, así como la comprensión del público en general del mundo que lo rodea que le permita tomar decisiones más acertadas sobre la forma como se usan los recursos naturales, cómo se aplica la tecnología y su impacto a largo plazo sobre nuestras vidas.
          Para desarrollar estos objetivos busqué una universidad que me ofreciera unas condiciones lo más favorables posibles. En primer lugar, Bournemouth tiene un programa de maestría en periodismo de revistas con un buen balance entre los aspectos teóricos, éticos, políticos y sociales de la comunicación y los aspectos prácticos de poner en marcha un proyecto enmarcado en la industria editorial. Su Facultad de medios está ubicada en el 11% más destacado de las facultades de ese país de acuerdo con calificaciones de prestigiosas entidades como The Guardian, que tienen en cuenta aspectos relacionados con la excelencia académica como con la idoneidad de sus instalaciones/equipos y la interacción que tienen con importantes medios de comunicación.
          En segundo lugar, necesitaba un programa que me permitiera construir sobre la experiencia que ya tengo y aprovechar la formación académica que llevo hasta ahora. Tal es el caso del idioma, que me permite estudiar en inglés (en el cual ya tengo suficientes fortalezas) sin tener que empezar a estudiar desde cero.
          En tercer lugar, busqué un entorno que me ofreciera la mayor exposición posible a un ambiente pluricultural, no sólo por la composición de la población estudiantil de la universidad, sino por su cercanía física a diferentes países diferentes, como es el caso de Inglaterra por su cercanía a Europa continental. Considero que este aspecto es tan importante como el trabajo académico porque me daría el tipo de experiencia con estilos de vida, puntos de vista y hábitos culturales distintos, que espero me den mayores argumentos para promover aquí la tolerancia. En el caso particular de la Universidad de Bournemouth, encontré que está situada en una ciudad pequeña que la mayor parte del año tiene una altísima proporción de población joven debido a que son en su mayoría los mismos estudiantes de la Universidad. Esto me llamó muchísimo la atención porque (guardando las diferencias) es justamente el mismo tipo de público objetivo al que me interesa enfocar mi proyecto, y que por esta razón me interesa conocer lo mejor posible.
          En conclusión, mi proyecto de formación en periodismo de revistas en la Universidad de Bournemouth es benéfico para el país porque cualificaría mis habilidades necesarias para multiplicar e innovar en comunidades regionales de jóvenes la exitosa experiencia que he tenido con EL CLAVO, que a mediano y largo plazo fortalecería el desarrollo de la participación ciudadana y la inclusión en el contexto internacional.

jueves, 22 de marzo de 2007

Cómo bajar los costos de la música


En un blog de El Tiempo se preguntaban qué tan legal o ilegal es descargar música de Internet. Pues en mi opinión, sea o no legal, mientras la gente tenga que pagar más de $38.000 por un trabajo de 12 pistas de las cuales sólo le llaman la atención dos, se seguirá sintiendo tentada a usar la descarga.
          Con toda razón, los artistas y sus representantes dicen que al descargar gratis estas canciones se perjudica al artista (y al ingeniero de sonido, y al productor, etc.) porque no perciben un pago por su trabajo. Sin embargo, también hay que recordarles que sus clientes son los que pagan por cada CD. Mientras éstos sigan siendo impagables, pues sólo los más pudientes van a contribuir.
          Una de las razones para mantener tan altos los precios, según las disqueras, son los costos de producción y distribución. OK. Sin embargo, estos costos están asociados a la forma como ellos han llegado tradicionalmente al mercado:


  • Contratan a los artistas para que produzcan 10 o más canciones que se puedan empaquetar en un trabajo. Por esa labor hay que pagarles.

  • El trabajo lo imprimen en discos, que como todo proceso industrial requiere energía, equipos, materia prima, operarios: más costos.

  • Por cada trabajo hay que hacer lanzamientos, promociones, visitas a las emisoras, giras de promoción del artista, cuyos costos salen del bolsillo de las disqueras.

  • Finalmente distribuyen los discos en las tiendas. Cada discotienda tiene costos que esperan recuperar con las ventas además de sus ganancias. Esta plata sale de lo que los clientes pagan por cada CD.


Lo que yo propongo es que esta forma única de llegarle tradicionalmente al mercado se complemente con otras formas. Por ejemplo:

  • Que los artistas produzcan trabajos de dos o tres canciones y que sean publicados en Internet para su descarga pagada.

  • Estas publicaciones pueden acompañarse con lanzamientos como los de los sencillos, no tan costosos ni tan elaborados como los de los álbumes porque serían más frecuentes y no sería el caso de tener que llamar tanto la atención sobre un artista que ha estado un tiempo por fuera del mercado.

  • Al no tener que depender físicamente de los discos (el medio de distribución) se ahorran los costos de impresión y transporte.

  • Las discotiendas donde la gente compra la música que quiere oir podrían ser portales como iTunes en los que la gente pueda opinar más directamente sobre qué le gusta y qué no, y no indirectamente a través de la compra o no de los trabajos. Es posible que un trabajo no se venda porque es muy costoso, no necesariamente porque no le guste a la gente.

  • Las discotiendas tradicionales podrían mantenerse vendiendo CDs de compilaciones de grandes éxitos que los coleccionistas comprarían con gusto. Durante muchos años hemos escuchado canciones de nuestros artistas favoritos en radio, en casetes, o en MP3 que hemos bajado o copiado, pero cuando aparece una edición especial con algún valor agregado (entrevistas, fotos, videos, etc.) que incluye sólo los éxitos, más de uno de anima a comprarlo. Sabe que no está pagando por un disco de una o dos canciones buenas, sino por una compilación de lo que a la gente más le ha gustado. Claro, también estaría la posibilidad de pedir en línea un CD especial con sólo las canciones que yo escoja del artista X, y aunque me salga más caro que el disco producido en serie, como coleccionista podría estar dispuesto a pagar por el valor agregado de semejante nivel de personalización. Otra oportunidad de negocio para las discotiendas tradicionales.


En conclusión, cambiando el esquema de distribución, el valor a pagar por canción necesariamente tiene que bajar. Si antes pagaba $40.000 por un disco de 10 canciones donde las que me gustan son dos, cada canción me sale a $20.000. Si por el contrario las puedo comprar en línea al detal, en teoría me saldrían a $4.000. Si hay gente que paga casi $4.000 por una canción para sonar en su celular como un timbre polifónico, ¿no pagarían $3.000 por escucharla en cualquier parte?
          Los verdaderos melómanos suelen tener un presupuesto mensual para comprar música. Si a la mayoría sólo le alcanza para un CD al mes, lo piensa muy bien antes de arriesgarse. Pero si ese mismo presupuesto lo puede repartir entre varios trabajos de varios artistas, posiblemente gaste más y quede más satisfecho con lo que obtiene. Mejor dicho, relación ganar-ganar por dónde se lo mire. ¿Será que la avaricia y la falta de imaginación de las disqueras durará para siempre? Mientras tanto, creo que su actitud es la que alimenta con verdadero entusiasmo la monstruo de la piratería que los atormenta.

domingo, 1 de octubre de 2006

Ratzinger, la Sharia, Flint, Samper Ospina, Bush y las lecciones de la incultura

'Culto' o 'cultivado'

En una tertulia se debatió que usar la palabra 'culto' para distinguir a quienes hubieran estudiado algo distinto a su propia cultura era políticamente incorrecto porque cualquier persona, por el simple hecho de vivir dentro de una cultura, ya se le debía considerar como culta. Para no agarrarnos, acordamos que la palabra 'cultivado' era aceptable para todas las partes en lugar de 'culto', pero yo sigo pataleando que de alguna forma sí hay que distinguir a los que se esfuerzan por trascender su propia cultura de los que no.

Islam y Occidente

Hace unos días en Bogotá un taxista me decía que el Papa Ratzinger había sido muy bruto al provocar con su discurso a los musulmanes, pero yo creo que fue más bien fueron los medios (que lo citaron fuera de contexto para armar bonche) los que subestimaron las diferencias entre nuestras culturas.
          Por un lado, varios países de mayoría musulmana se rigen por la Sharia, en la que la religión y el Estado no son ámbitos separados. Es decir, si algún habitante de estos países se siente agredido en su fe casi automáticamente sentirá atacada también a su cultura y la seguridad del Estado. Así no sería de extrañar que los defensores de la fe (autoproclamados o institucionalizados) tomen una declaración descontextualizada como un acto de guerra. El Islam es descrito por sus defensores como una religión de paz y concordia, pero lamentablemente para los noticieros del Imperio los que son noticia y suben la audiencia son los fanáticos que queman banderas y no la gran mayoría de musulmanes que suelen ser mucho más tolerantes.
          Por otro lado, para nosotros es de lo más natural que cualquier persona exprese su opinión sin que por eso su vida o integridad física corra peligro (o al menos en teoría). Larry Flint y su revista Hustler sentaron un precedente importante en el que si la Ley gringa lo protegía a él, que se describía como el peor de todos, entonces eso garantizaba que la Ley protegería los derechos de cualquiera de los demás ciudadanos. Más cerquita, Daniel Samper Ospina y la revista SoHo también lograron que el juez que se ocupó del caso desestimara lo que los defensores de la fe (en este caso sí autoproclamados) consideraban una ofensa a sus creencias religiosas. Lo bueno de esto es que la misma Ley que salvó a Samper Ospina de la cárcel es la misma que les permite a sus acusadores profesar libremente su religión. Si en un futuro hipotético la mayoría de la población fuera por ejemplo musulmana o (líbranos Señor) evangélica, sería esta separación entre la Ley del Estado y los dogmas religiosos la que permitiría que excomulgaran libremente a todos los directores de revistas o médicos abortistas que quieran sin que por ello les caiga la Fiscalía.
          Nuestra cultura democrática está fundamentada en el derecho a criticar lo que no nos guste, ya sea algún pecadillo de la Iglesia o la enésima improvisación de nuestro proactivo Presidente. El Papa Ratzinger también tiene derecho a expresar en Alemania cualquier posición argumentada que guste. Si la Ópera de Berlín quiere representar Idomeneo en Berlín con alusiones a las religiones (incluidas máscaras de Jesús, Júpiter, Buda y Mahoma) también deberían poder hacerlo sin temor a las represalias de los fanáticos musulmanes, ya que es válido dentro de nuestra cultura.

Ignorancia peligrosa

Sin embargo, cuando sólo experimentamos a nuestra propia cultura tendemos a creer que es la única opción válida posible. Para la muestra dos perlas:
          La primera, el emperador Bush tratando de imponer la democracia en un país de tradición cultural musulmana como Irak. La democracia no es un repuesto que se enchufa y se enciende y listo; es una institución que debe funcionar en forma integrada con la cultura. El desconocimiento de este hecho e innumerables metidas de pata sugieren que Bush es tan ignorante de cómo se vive más allá de su rancho en Texas que no podríamos llamarlo precisamente culto.
          La segunda, los casos de jóvenes asesinadas en Europa por sus propios familiares con la disculpa de estar quebrantando las costumbres del Islam. Una cosa es que en un país regido por la Sharia sea visto como válido que los defensores de la fe castiguen con la muerte a las jóvenes que se aparten de la costumbre. A mí como occidental tercermundista no me gusta, pero es algo que las musulmanas y los padres, hermanos y esposos que dicen amarlas deberían intentar cambiar allá, desde dentro, si no están de acuerdo. Pero otra cosa muy distinta es que viviendo en Europa, los familiares de las víctimas no hayan intentado integrarse a la cultura que escogieron para vivir. Es muy común que los inmigrantes musulmanes no aprendan el idioma local, vivan en comunidades cerradas de sus correligionarios y rehúsen adaptarse a las costumbres de su entorno. Sus hijas estaban viviendo de forma consistente con la cultura occidental en la que vivían, pero sus familiares no le dieron a esta cultura una oportunidad de mostrar si tenía algo positivo qué aportarles.
          En plena Europa del siglo XXI, las jóvenes musulmanas pagaron con su vida la incultura de sus parientes. Miles de soldados gringos enviados a Irak a imponer una institución extraña a la cultura local pagaron con su vida la incultura de su presidente.
          Y después dicen que es políticamente incorrecto llamar inculto a alguien que, por no intentar trascender las costumbres y prejuicios de su propia cultura, haga de su ignorancia algo peligroso.