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viernes, 24 de junio de 2011

¿Y qué piensas sobre los hijos?

Cuando somos conscientes de nuestra propia mortalidad, nos entra el afán de dejar algún tipo de legado que sirva de prueba de nuestro paso por el mundo. Para muchos de nosotros, ese tipo de inmortalidad se alcanza a través de hijos que nos recuerden y que "continúen el apellido". Sin embargo hay que pensarlo.

Por un lado los hijos son un pésimo negocio: los padres quedan exhaustos financieramente y casi inhabilitados para hacer otra cosa distinta a cuidarlos y trabajar.

Pero por el otro lado estamos programados genéticamente para que nos gusten los niños a pesar de todas las objeciones racionales, hasta el punto en que daríamos la vida por la de nuestros hijos sin dudarlo, cosa que muy posiblemente no haríamos por otros. Según los padres que conozco, tener a sus hijos les cambió la vida para bien y las mayores fuentes de satisfacciones en la vida, incluso más que las personales y profesionales, son los logros de sus hijos.

Creo que el mejor regalo que podemos darles a nuestros hijos es ser conscientes de nuestros traumas y complejos. Aunque la mayoría no ha salido tan mal a pesar de haber tenido pésimos padres, el mundo sería un lugar mejor si tratamos de lidiar con nuestros problemas para no ir a pasárselos inconscientemente a nuestros hijos. Yo me estoy preparando financiera y psicológicamente para estar en las mejores condiciones posibles para tener uno o dos hijos máximo porque ya pasaron los tiempos del "creced y multiplicaos".

lunes, 9 de mayo de 2011

En pleno siglo XXI ¿no sería mejor que desapareciera el concepto de nación, y que surgiera realmente un estado mundial? ¿De que sirve ser colombiano si lo importante es pertenecer a este planeta?

Las naciones siguen siendo importantes para darnos un sentido de pertenencia a un colectivo, que al mismo tiempo nos distingue de otros colectivos. Sin embargo, las naciones no necesariamente deben ser lo mismo que estados, como ocurrió los dos últimos siglos. Pueden ser redes que traspasan las fronteras de los países, como los voluntarios de Greenpeace, los coach surfers, los usuarios de Amway o los fieles del Islam.

Sin embargo, apuesto a que cuando haya más de un planeta habitado (por colonos humanos o por alguna civilización extra-terrestre), esas identidades nacionales actuales tenderán a ser menos importantes y nos empezaremos a reconocer más como terrícolas que como colombianos o suizos.

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Deep in 21st Century wouldn't be better to eliminate the concept of nation and to raise a global state? Why to be a Colombian if the really important is to belong to this planet?

Nations are still important because they both give us a sense of belonging to a collective and separate us from other collectives. However, nations not necessarily must be the same than States, as we got used to during the last two centuries. They can be networks that overflows countries' borders, such as Greenpeace volunteers, coach surfers, Amway users of Islam.

However, I bet that when more than one planet be populated (either by human settlers or by some extra-terrestrial civilisation), those current national identities will fade off and we will tend to recognise ourselves more as earthlings than as Colombians or Swiss.

Ask me anything. I deal better with "why" and "how" than with "what".

sábado, 16 de abril de 2011

¿Cómo hacer que la piratería no sea más una amenaza para los derechos de autor y patentes?

Creo que la concepción que tenemos de las patentes y derechos de autor son una reminiscencia de cuando se pensaba que la mejor forma (incluso la única) de producir algo de lo cual se pudieran explotar de manera muy rentable los derechos de autor era a través de una gran compañía. Pero otro modelo emergió y muy probablemente se convierta en la forma dominante (aunque no la única) de aportar al patrimonio cultural de la humanidad y hacer dinero al mismo tiempo. Pongo varios ejemplos.

El cine

En el caso de las películas, seguimos el patrón de mediados del siglo 20 donde para que a una película le fuera "bien" se requería de un gran estudio que dispusiera de gigantescos platós, cientos de extras, batallones de maquilladores, técnicos, extras, actores y guionistas para filmarla. Además bien aceitados departamentos de mercadeo que la promocionen en los circuitos de distribución para que llegue a muchos teatros, organice con los medios entrevistas a los actores, la envíen a concursos y festivales de cine, etc. Un gigantesco esfuerzo para que la idea que salió de la cabeza del guionista finalmente se convierta en la boleta que paga cada espectador para verla en una sala de cine en forma de película. Por eso en la época dorada de a Hollywood, antes de la llegada de Hitchcock, la figura más importante (casi que la garantía de calidad) de una película no era el director sino el productor.

La música

Algo muy parecido pasaba con la música, donde una poderosa disquera se necesitaba para reunir el talento de decenas de escritores, arreglistas, ingenieros de sonido, productores, músicos y cantantes en un carísimo estudio de grabación para que un grupo de canciones se materializara. Y una vez allí, era la disquera la que organizaba colecciones que se pudieran distribuir en un medio físico como los discos. Esa es la razón por la cual un álbum tiene en promedio 13 canciones, de las cuales sólo dos se convierten en éxito, tres "aguantan" y el resto son francamente relleno. Y ya con el disco bajo el brazo la labor de promoción de la disquera era la que llevaba las canciones a la radio, muchas veces sobornando a los DJs para que suenen una y otra vez canciones que no necesariamente les gustan pero que con tanta exposición acaban "pegando". Y vienen las giras de conciertos, las entrevistas en los medios y toda la exposición que motiva a la gente a comprar los discos. ¿Se imaginan hacer todo ese esfuerzo cada vez que a un artista le da la gana de crear cada canción sueltica?

Los libros

Algo muy parecido pasaba con los libros. Aunque la literatura es un asunto más personal entre el escritor y su editor, finalmente eran las grandes editoriales las que decidían si un texto merecía la carísima apuesta de hacer los estudios de mercado, contratar ilustradores, imprimir los ejemplares, distribuirlos en las librerías, hacer que los medios entrevisten al autor, que hablen del libro en las columnas de opinión o llevarlo a festivales para que al final la gente tome la decisión de comprar el libro.

El software y otros casos

La industria del software trató de copiar este mismo modelo, motivando a que piezas complejas como sistemas operativos se produjeran en grandes compañías reuniendo en un edificio a genios de las ciencias de la computación con cientos de programadores y diseñadores gráficos. Como un software es inherentemente copiable, trataron de “amarrar” su distribución a los computadores nuevos (por eso antes era tan difícil encontrar computadores que no trajeran ya el DOS, Windows o MacOS pre-instalado) y lo están haciendo con los teléfonos para internet (smartphones).

Un nuevo modelo de distribución

Y así hay ejemplos en casi todo, desde los pintores y fotógrafos que necesitaban grandes galerías para exponer, los periodistas a los grandes periódicos para ser leídos, hasta los ilustradores que necesitaban a las editoriales. Pero gracias a los computadores personales e Internet, surgió otro modelo donde el creador solitario que quiera expresar su creatividad (con una canción, un video, un libro, un artículo, un dibujo o una foto) puede crear sofisticadas piezas musicales o de animación sin salir de su casa. Grupos de individuos pueden colaborar a través de Internet para producir desde un blog hasta un sistema operativo (como fue el caso de Linux) y usar a la misma red para llegar al público. Ya no dependen de una gran compañía con grandes recursos para producir las obras y hacer que lleguen al público a través de mecanismos de distribución tradicionales sino que pueden hacerlo directamente a través de canales como flickr, YouTube, twitter, iTunes, AppStore o NetFlix. Y esto apenas está comenzando.

Por este cambio de modelo, los derechos de explotación y las patentes cada vez son menos necesarios, ya que no se requiere de una gigantesca inversión inicial que se deba proteger de la piratería. Probablemente las cosas evolucionen de manera similar a la radio: las canciones las podemos escuchar gratis por radio a cambio de que nos expongamos a su publicidad, pero si queremos escucharlas cuando y donde queramos sin publicidad, pues compramos el disco. De manera parecida, los contenidos que hoy se busca proteger de la piratería se deberían publicar gratis en Internet y las ganancias por publicidad se reparten entre quien publica (por ejemplo Facebook o Google) y el autor. Si un contenido me gusta mucho, pues hago una donación directa al autor via PayPal o compro el contenido libre de publicidad por un precio razonable.

De hecho, ya este nuevo modelo se está consolidando y fórmulas intermedias ya existen en USA y Canadá. Por ejemplo, yo prefiero pagar US$1 por una canción que me gusta a que me obliguen a pagar US$15 por la misma canción más otras 12 que son relleno. Así mismo prefiero pagar US$3 por una revista que pueda ver en un Kindle/iPad que los US$10 que me cuesta traer el mismo ejemplar impreso y que va a perder vigencia en un mes.

Obviamente los formatos y mecanismos de distribución viejos no desaparecerán: seguramente la gente seguirá comprando ocasionalmente el CD con los grandes éxitos en la caja bonita, o la edición en pasta dura de los volúmenes de Harry Potter, pero difícilmente constituirán la forma usual en que la gente acceda a los productos culturales.

Ask me anything. I deal better with "why" and "how" than with "what".

jueves, 30 de septiembre de 2010

Las motivaciones de la guerra

En esta entrada Juan Fernando Zuluaga reseña las motivaciones humanas según Linus Torvalds y se pregunta cuál sería la motivación humana para hacer la guerra.

          Pues creo que la explicación de Torvalds se queda corta. Tal vez el driagrama de Venn describa las motivaciones de una persona normal, pero recordemos que quienes deciden ir a la guerra no son personas del común. Tipos como Napoleón, Hitler, Uribe, Mao, Chávez, Bush, Castro, Escobar han sido seres extraordinarios con egos desmedidos, pero también con una capacidad de trabajo, carisma y ambición que se sale de toda proporción. Y estos atributos son indispensables para llevar a un ejército a la batalla porque una persona solita, por peliona o fuerte que sea, no puede hacer una guerra que dure meses o años.

          Como avezado jugador de Age of Empires, Civilizacion, Rise of Nations, Risk e Imperial, puedo decir que el orgullo y la ambición importan más que las razones económicas o estratégicas a la hora de decidir lanzar una bomba atómica o enviar a una muerte segura a batallones enteros. Si ese es el caso conmigo que soy alguien del montón sin un ego o una ambición desmedidos, ¿se imaginan cómo sería semejante poder en manos de algunos de los personajes antes mencionados?

          Yo le apostaría a que el ritual de agresión (íntimamente ligado al sexo) es uno de los instintos primarios responsable de que apoyemos una guerra que se nos haya vendido bien (que justificaría lo del entretenimiento). Sin embargo, en cuanto amenace nuestra supervivencia (que nos toque arriesgar la vida en el campo de batalla) o nuestro bolsillo se vea afectado (impuesto de seguridad, inflación o desabastecimiento como pasa en Venezuela y Cuba) nos echamos para atrás. A los gringos les pasó con Vietnam o Irak: mientras fuera algo por allá lejos donde hubiera una victoria rápida y sin muchos costos, qué dicha. Pero cuando empezaron a llegar aviones cargados de soldados gringos muertos en bolsas negras ya no les pareció tan chévere y empezaron a protestar.

          En resumen, se necesita de uno de estos personajes extraordinarios para que vayamos en contra de nuestras motivaciones y de toda lógica para iniciar y/o mantener una guerra.