lunes, 14 de enero de 2008

¿Qué demonios hacemos con los recuerdos?

La memoria es algo jodido. Unos quisieran poder olvidar el pasado, mientras que otros quisieran poder recordar con tanto detalle una experiencia importante que se sintiera como si revivieran todo otra vez en su mente. Y claro, también están los que quieren ambas cosas (contradictorias, mutuamente excluyentes) al mismo tiempo.

¿Por qué queremos recordar?
Por un lado, la memoria define quienes somos. Bastante hemos tenido de Jason Bourne, Memento y películas similares para darnos cuenta de lo perdidos que estamos sin una historia, sin un pasado que nos dé perspectiva para interpretar el presente o planear lo que queremos del futuro. Por eso tener memoria del pasado es importante.
          Pero también hay ocasiones en que el pasado se vuelve una obsesión tan grande que la gente recurre a las regresiones hipnóticas, que en teoría permiten traer a la mente recuerdos de manera muy vívida. Strange Days y Brainstorm nos ofrecen un vistazo a un mundo donde la gente tiene la tecnología para grabar sus experiencias y reproducirlas en su mente con absoluta fidelidad, como si fuera la telenovela de las 10:00 p.m. pero sin necesidad de televisor. El problema con todo esto es que nuestro cerebro graba el recuerdo y la emoción que sentimos cuando vivimos la experiencia que hace parte del recuerdo. Esto significa que, a diferencia de la telenovela, un buen recuerdo traído vívidamente puede darnos tanto placer como la experiencia en sí, mientras que un mal recuerdo, en las mismas circunstancias, nos puede causar un ataque cardíaco. La moraleja de la historia es que hay gente que se siente tentada a revivir una y otra vez la experiencia grata en lugar de continuar viviendo (por ejemplo, ¿para qué volver a las islas griegas si puedo revivir el primer viaje maravilloso que hice con mi pareja que ya no está a mi lado?).

¿Por qué queremos olvidar?
También está el otro lado: ¿cómo sigo viviendo con ese recuerdo que me tortura? ¿No sería más fácil olvidar a la persona a la que amé y que ya no tengo al lado? Eterno resplandor de una mente sin recuerdos nos plantea la posibilidad de un procedimiento neurológico para borrar recuerdos (“traiga todo lo que le recuerde a su ex y nosotros apagamos todas las neuronas que se activen cuando usted piensa en ella”) y sí, también trae moraleja: los recuerdos nos van moldeando y afectan nuestro carácter. Sin el recuerdo del pasado, nada va impedir que volvamos a caer en las mismas situaciones que caímos antes o, como en el caso de la película, que nos volvamos a enamorar de la misma persona que pagamos para olvidar.

Resignificar
Ilustración de Liniers
¿Entonces qué hacemos? Pues lo que yo propongo es que los recuerdos en sí no tienen la culpa de nada. Son simplemente el registro diseñado para ayudarnos a identificar por dónde va a salir el mamut o cuán dolorosa puede ser la mordida de un tigre dientes de sable. Somos nosotros quienes elegimos interpretar esos recuerdos y reaccionar de cierta forma ante ellos. Es más, no importa que lo que recordamos no nos haya pasado a nosotros, nuestra reacción emocional puede ser la misma. La prueba contundente es de las señoras que pelean con el televisor cuando la villana de la novela le hace alguna cagada a la protagonista despistada, así sean conscientes de que ni los personajes ni la historia son reales. A mí mismo me pasó: uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando Gokú por fin llegó a Namekuseí en Dragon Ball Z, y el hecho de que todo fuera ficción (es más, eran dibujos animados) no hizo menos real la alegría que sentí en ese momento.
          Entonces la salida es resignificar los recuerdos. Si los momentos felices no van a volver, no deben convertirse en un motivo de tortura. Haber sido amados por una persona maravillosa es algo que debe servir para darnos fuerza, no para volverse un yunque en el pecho. Resignificar también implica ser lo suficientemente adulto como para ser honesto acerca de quién es uno. Es cierto que uno de los aspectos del amor (tal vez la razón más popular para querer olvidar) puede ser posesivo e interesado. Pero creo que la prueba de fuego de la adultez está en saber si el amor que se siente por la otra persona es lo suficientemente grande como para aceptar que lo verdaderamente importante es su felicidad, incluso cuando eso implique que ella sea feliz con otra persona distinta de uno. Si no es así, el “amor” que queremos olvidar es más un doloroso apego infantil (como decía Arjona: “No te enamoraste de mí; te enamoraste de ti cuando estás conmigo). Estos recuerdos, resignificados, se convierten en algo grato para alegrar los momentos tristes e, incluso, en el referente para compartir en relaciones futuras eso tan especial que nos dejó el amor del pasado.

9 comentarios:

Andrea dijo...

Cuando recién termine, estaba sufriendo tanto a punta de recuerdos que le pedí a Dios con mucha fe que me quitara la memoria. Le decía, de verdad yo se que esto puede ser muy difícil no recordar pero creía que esa seria mi mejor medicina.

Mágicamente paso, perdí todos los recuerdos de ese amor con el que fui tan feliz, acompañado de esto fueron quemados cada uno de los recuerdos tangibles que tenia. Hoy en día quisiera recordar todo esto aunque sea contraproducente, por que no me acuerdo de nada, nisiquiera de quien era yo en ese momento.

Sin embargo quedo esa huella de ese alguien que te hizo tan feliz, pero ya sin los recuerdos que respaldan ese argumento creando, esta terrible confusión de saber que nadie más supera esa felicidad pero sin saber por que.

Hoy en día, lo veo comprometerse, lo tendré que ver casarse… y a pesar de que el día que lo supe salio un pedazo de mi alma y mi cuerpo callo al piso, volvió a ponerse el alma en mi y con la mente como bastón pude abrir mis ojos y decir, ya el no es con el que yo soñaba entrar a un altar, el que me decía te amo se quedo hace 10 años en esa memoria, hoy somos 2 seres distintos con caminos distintos y así debe ser.

Los recuerdos se van convirtiendo en imágenes q nos hacen reír, llorar, o producir algún sentimiento y voluntariamente los traemos. Es un cajón que si queremos abrimos y si queremos no. Lo mejor para una mente sana es sacar de ese cajón lo que no necesitamos en nuestro presente, así como renovamos nuestro closet comprando ropa y zapatos nuevos y no dejamos acumular la ropa vieja y que ya no usamos. Esta pasa a ser regalada o puesta en otro lugar. Lo mismo en nuestra vida, con una mente y un corazón renovado podemos disfrutar cada día de las personas y las cosas que vivimos en nuestro presente.

El Marqués de Carabás dijo...

Hay cosas que es mejor no recordar. Y las que no se pueden olvidar habrán de servir para forjar nuevos viejos recuerdos.

En El Viaje de Chihiro mencionan: "Tú no olvidas lo que sucedió. Es sólo que no puedes recordarlo". Será cuestión, nuevamente, de supervivencia.

A propósito, sin memoria, las relaciones interpersonales no avanzarían ni con la persona que se vivieron los recuerdos ni con las próximas que vendrán. Es una estrategia instintiva de selección natural.

Diana dijo...

La emoción antes de ser emoción es pensamiento… El pensamiento nos aporta el “pensamiento lógico lineal”, la idea o abstracción de determinado fenómeno, la emoción nos lleva a la experiencia del pensamiento mismo.

Por ejemplo, cuando tenía 5 años un perro me mordió, así que en ese momento químicos específicos produjeron la respuesta de miedo y huida, de esta manera, cada vez que veo un perro mi red neuronal se activa y envía éstos químicos, entonces mi respuesta siempre es la misma. La emoción es el mismo químico de la primera experiencia, de ahí la importancia de “deconstruir” y construir las redes.

Cuando sentimos ira, miedo, alegría o tristeza, es la misma descarga química en el cuerpo, la diferencia está en la situación que la genera, los recuerdos fijados de estas emociones, nuestras creencias, la interpretación que hacemos frente a un evento, como: Perro = peligro, amor = dolor, trabajo = esfuerzo…

Las emociones incontroladas se manejan cuando se llenan de contenido real por medio de la razón, se supone que eso es ser inteligente emocionalmente y yo… Ahhh!! Que bruta me siento a veces!!

Silvia dijo...

Bueno pues yo creo que el recuerdo es necesario e imprescidible y que no hay manera de resignificarlo sino existe la voluntad de hacerlo. Hay recuerdos tortuosos que son necesarios, es necesario el duelo, saber que se ha pérdido, recordar que un día se tuvo, pensar en el momento jamás olvidado, no todo lo que duele debe de estar condenado a desaparecer, el dolor es necesario y a veces placentero y por consiguiente en ocasiones el doloroso recuerdo es necesario y también plancentero.

Hay momentos en los que un mal recurso permite no resignificarse a sí mismo sino resignificar el presente y eso me parece aún más importante, porque permite vivir con más intensidad, darse cuenta que la vida no está tan mal y que cosa buena esto que se vive!!!

Acepto que a veces he querido olvidar, no haber entrado a esa casa, no haberlo visto... pero también acepto que he disfrutado hoy poder entrar a esa casa, verlo y definitivamente confirmar la vida buena que me depara esta loca incertidumbre....

Licuc dijo...

Impresionante el efecto de las oraciones de Andrea.
Yo me siento más como Silvia lo plantea, pero más allá de tanta palabrería la moraleja para ti es: "ya lo entendí, entonces ahora paso a ponerlo en práctica".
Nos cuentas cómo te va cuando comiences. ;)

Lully dijo...

Desde mi blog: Reflexiones al desnudo
Un análisis muy acorde a la realidad. Qué bien te expresas.
Me encantó la frase de Arjona. Concluyo que saber recordar y saber olvidar, balancear lo vivido malo o bueno, hace parte de una vida feliz por el control emocional que se practica.

De dejo un abrazo y un beso de regreso de vacaciones y te reitero lo mejor para tí en este nuevo año!

Ivonne dijo...

Al finalizar la lectura y sentada frente a mi computadora, se me vinieron imágenes gestos, palabras e historias de otros tiempos y de otras épocas, que ya no recuerdo si son totalmente ciertas o las fui construyendo a lo largo de mi vida. Porque a veces creo que la distinción entre la realidad y la fantasía es una arbitrariedad y que lo realmente importante, está anudado a lo que cada uno cree.

Así que considero, que la resignificación se cifra entre la memoria y el olvido, es ella la que nos permite reinterpretar un mismo hecho de diferente manera. Apropósito de éste tema, me acorde de una frase bellísima de Borges “el pasado es arcilla que el presente molde a su antojo”.

Esto nos da una dimensión mágica, pues no solamente el futuro se construye, sino que el pasado se transforma.

Rya dijo...

Hey..
Tu reflexión sobre los recuerdos me pareció muy interesante.
Debo confesar que andaba buscando el cómo borrar esos recuerdos felices o amargos que hacian que tu presente no pudiera seguir ya que me aferro a ese pasado.
Y encontré esta tú página...
Con lo que escribiste me hizo pensar mucho... Gracias
^^

Anónimo dijo...

de acuerdo con el marqués.. reelaboración para darle lugar a nuevas emociones y nuevos recuerdos viejos.. en su momento..

Gracias Andrés. Valioso y hermoso lo que has hecho conmigo (quien lea puede darse el lujo de malpensar) Me ha dado muy duro terminar esta relación.. 5 fk :s years..
Gracias Mr. Man, un abrazo fuerte, X