Recuerdo que cuando era niño (sí, todavía me acuerdo; en realidad no fue hace taaaaanto tiempo) el programa de televisión que no me podía perder era Mazinger Z.
Grosso modo, trataba de un piloto rebelde llamado Koji Kabuto que tripulaba una enorme máquina antropomorfa (no era propiamente un robot porque carecía de inteligencia artificial) que defendía su ciudad de un genio malvado que se hacía llamar Dr. Hell.
El proyecto Mazinger Z consistía en mantener la enorme máquina funcionando, conseguir los recursos necesarios (la super-aleación de la que estaba hecho Mazinger era muy difícil de procesar y de extraer: sólo la había en ciertas vetas del monte Fuji en Japón), mantener unas vastas instalaciones donde trabajaban desde científicos y técnicos hasta expertos en armas de destrucción masiva. Además había laboratorios de investigación aplicada y desarrollo (IA+D), todo esto organizado por un competente científico llamado Dr. Yumi, sucesor del profesor Kabuto, quien fuera el abuelo de Koji y creador de Mazinger.
Como todo niño, tenía una inclinación natural hacia las máquinas y mucho del tiempo que debí haber invertido en estudiar matemáticas me lo pasaba especulando sobre cómo funcionaba la máquina por dentro, cuál sería su fuente de energía y lo más intrigante de todo: cómo demonios algo tan pesado y claramente nada aerodinámico lograba volar. Otra cosa interesante es que, a diferencia de los monstruos mecánicos enviados por el Dr.Hell y sus esbirros que eran controlados por control remoto o por una deficiente inteligencia artificial semiautónoma, el piloto de Mazinger compartía la suerte de su contraparte mecánica. Esto simbolizaba que la clave del éxito del proyecto estaba en que humanos y máquinas trabajaban en llave para cumplir cada misión, mientras que las creaciones del Dr.Hell eran como esclavos descerebrados abandonados a su suerte por sus grotescos amos.
Otra cosa que me llamaba la atención era que el villano de la serie, el Dr.Hell, no fuera un militar golpista, un político tirano o siquiera un capo de la mafia yakuza. Al igual que el abuelo de Koji y el Dr.Yumi, el Dr.Hell era un ?científico?. Como quien dice, los protagonistas de la serie, los del verdadero poder para crear o destruir, eran estos ?científicos?. Este asombroso poder para transformar la realidad es lo más parecido a la magia que he conocido jamás, y se me hace más seductora que la que rodea al mito de Harry Potter.
Ya mucho tiempo después, cuando estaba en
bachillerato, me di cuenta de que lo que más me gustaba de estos personajes estaba más relacionado con la ingeniería que con la investigación científica. De pronto los productores de la serie no habían visto a muchos ingenieros ni científicos en su vida, porque los protagonistas de Mazinger parecían más sabios renacentistas que científicos (el Dr.Hell y el profesor Kabuto eran ingenieros, arqueólogos, científicos y quien sabe qué mas. Además el Dr.Hell debía ser un criminal bastante exitoso para financiar su costosísima operación con otros torcidos además de construir monstruos para atacar el laboratorio del Dr. Yumi.
Cuando tuve que decidir, aunque siempre me ha gustado la ciencia, me metí a ingeniería feliz de poder enseñar a las máquinas a trabajar con nosotros.
lunes, 3 de abril de 2006
Por qué me metí en la vaca-loca de la ingeniería
jueves, 9 de marzo de 2006
Lo que me hace falta para seducirla
Hace un tiempo debatía con una amiga que la forma como nos relacionamos tiene mucho más de instinto de lo que nos gusta admitir. Específicamente cuando buscamos pareja, creemos que lo más importante son los valores, los buenos sentimientos, etc. cuando en realidad lo que buscamos son señales que nos indiquen qué tan adecuada es nuestra pareja para reproducirse. Una vez satisfecha esa expectativa, ahí sí pueden cobrar más importancia otras características menos tangibles, que son supuestamente las que nos diferencian de los animales en época de apareamiento.
Por ejemplo, los machos buscamos instintivamente en nuestras parejas potenciales una buena capacidad reproductiva: una buena proporción entre cintura y caderas (tiene capacidad para sobrellevar gestación y parto con bajo riesgo), senos generosos (puede alimentar a una amplia descendencia), gracia en los movimientos (puede coordinar sus sentidos y su cuerpo para huir de los peligros que amenacen a su prole) o rostro simétrico (genes sanos que hicieron buen trabajo durante su desarrollo). Así es como el macho que vive en la zona subcortical de nuestro cerebro hace su aporte, en mayor o menor medida matizado por la cultura, a nuestra idea de lo que hace atractiva a una mujer.
Por el otro lado, las hembras instintivamente buscan en un macho a un buen proveedor para sus crías: un tipo poderoso que pueda cazar o recolectar abundante alimento para su descendencia y al mismo tiempo protegerla de los depredadores. En la selva o las llanuras esto se reflejaba en poder físico y agudeza de sentidos, lo cual sigue siendo atractivo para las mujeres actualmente.
Sin embargo, en ese sentido las mujeres son más sofisticadas que nosotros porque un tipo con cuerpo atlético y rostro simétrico les sigue pareciendo atractivo, pero esas características ya no son suficientes. Ahora, en una sociedad urbana, la definición de poderoso requiere que los hombres tengamos habilidades sociales desarrolladas y/o disponer de amplios recursos. Obvio, un obeso de 180kg no sobreviviría ni dos minutos frente a un jabalí, pero si tiene si tiene buen ?verbo? puede conseguir por la vía de la negociación los recursos que no puede obtener sólo con sus capacidades físicas. El ser capaces de importantes logros intelectuales, económicos, artísticos, sociales hace que los hombres nos sintamos tan poderosos como el que acaba de tumbar un mamut.
Y este es justamente mi problema. La que me quita el sueño no se fija en el culebrero que hay en mí cuando tengo que vender, ni en lo que escribo aquí o en otros medios, ni en mi probada capacidad para resolver problemas técnicos. Tampoco se deja impresionar por mi estado físico en progreso (ya soy capaz de llegar hasta Alfaguara en bicicleta) o que hayamos ganado dos veces el Premio Nacional de Periodismo Escrito Universitario con los de El Clavo.

La que me trastorna sólo se fija en que no tengo en qué caerme muerto (a menos, claro, que logre caer justo encima de mi computador), en que desde que soy consultor independiente no tengo un sueldo fijo, ni otros ingresos. La que me tiene pensando en ella todo el día sólo entiende que no tengo inversiones suficientes para salir de la carrera de ratas en la que estoy para, a duras penas, sobrevivir.
Es en estas condiciones en las que tengo que enfrentarla. Vaciado, debo encontrar la forma de seducirla.
A ella, la que me quita el sueño. A la DIAN.
martes, 7 de marzo de 2006
A la izquierda de la derecha

El sábado pasado realizamos una tertulia donde hablamos un poco de política, específicamente sobre Izquierda y Derecha.
Debo reconocer que estaba equivocado al asumir que se podía equiparar Derecha con Autoritarismo e Izquierda con Democracia. El Autoritarismo y la Democracia deberían verse más como modelos o estilos de gobierno que como orientaciones políticas, ya que tienen más que ver con el método a través del cual se gobierna que con los objetivos que persigue. Esto nada tiene que ver con Izquierda o Derecha, ya que la orientación política se define mucho antes de llegar a gobernar y, una vez en el poder, un gobernante de Izquierda puede sucumbir ante el Autoritarismo (como Chávez en Venezuela) o uno de Derecha regirse por un respeto absoluto hacia la Democracia (como Blair en el Reino Unido).
Tampoco tiene mucho que ver con que se busquen cambios por la vía de las armas o a través de la resistencia civil, ya que caen en el mismo costal los indígenas que bloquean carreteras para presionar la no firma del TLC, que los capitalistas que amenazan con sacar del país su dinero si un gobierno planea reformas sociales que amenacen sus intereses. Así que la diferencia debía estar en los objetivos y no en el método.
Después de la discusión, mi conclusión personal es que la diferencia está en que la Izquierda busca la inclusión, mientras que la Derecha pretende justamente lo contrario. Puede parecer una postura maniquea, de sólo blanco y negro o buenos y malos, pero encuentro que me ayuda a identificar más fácilmente los variados matices de gris que se dan en la realidad.
Efectivamente, encuentro que la izquierda busca la inclusión al defender los intereses de los que son minoría en el gobierno, ya sea por su origen étnico, socioeconómico, sexo, edad, postura filosófica, ideológica o por su credo religioso. Y aunque los pobres siempre son abrumadora mayoría demográficamente hablando (con excepciones honrosas pero exóticas en Noruega o Dinamarca) rara vez son representados en esa misma proporción en los círculos donde se toman las decisiones. Tienen algo en común con los homosexuales, las mujeres, los negros, los ecologistas, los intelectuales o los jóvenes: son minoría porque en su conjunto no tienen poder económico o militar.
Por el contrario, me parece que la Derecha busca la exclusión al defender los intereses de quienes tienen el poder: hombres, blancos, católicos y de elevado estrato socioeconómico (oh, qué coincidencia: los mismos que son mayoría en el Congreso o los Concejos). Para retener el poder descalifican como no válidas las posturas diferentes de la suya y suelen echar mano de dogmas religiosos o ideológicos para justificar sus decisiones. Por eso me parecen tan derechistas las FARC, que buscan someter por las armas a 40 millones de colombianos que le seguimos apostando a la democracia ("la democracia no ofrece garantías para el cambio social"), como me parece derechista el gobierno del Imperio, que al casi nunca poder someter a sus propios ciudadanos usa su poder contra débiles objetivos de ultramar ("el ataque preventivo se justifica en la lucha contra el terrorismo"). En resumen, "¡Deje así!".
Finalmente, no creo que la Izquierda sea la única opción, como tampoco me parece que lo sea la Derecha. Pienso que la Derecha tiene los medios para lograr resultados en el corto plazo, los cuales pueden ser positivos para el conjunto, a largo plazo, con un fuerte control político de la Izquierda. Esta combinación de orientaciones es la que debería llevar al Centro, que debería ser la orientación de los gobiernos en ejercicio. Por eso me dan risa los que se declaran con una orientación de Centro, de Centro-Izquierda o de Centro-Derecha y me ponen la piel de gallina los que dicen que ya no tiene sentido hablar de Izquierda y Derecha: muy posiblemente se trate de quienes buscan distraer las miradas de los intereses particulares que defienden.
viernes, 24 de febrero de 2006
Lo que quiero ser cuando sea grande
Hasta hace poco mi idea de lo que quería ser estaba representada en mi senador favorito: Jorge Enrique Robledo.
Sin embargo tuve la oportunidad de conocer a Hernando Gómez Buendía y creo que ahora tengo un nuevo modelo a seguir. Independientemente de que llegue o no al Senado, pienso que Gómez Buendía tiene el balance perfecto entre precisión analítica y pasión por lo que hace.
Justo el balance que he estado buscando en un personaje real que sólo creía posible en mi personaje de ficción favorito: el capitán Jean Luc Picard de Viaje a las Estrellas.
¡Mierda! Creo que estoy cayendo otra vez en un patrón... Pero por lo menos no van a poder decir que no estoy tratando de parecerme a mi referente... al menos físicamente, ¿no? :)
Vamos a ver si dentro de 30 años puedo decir que pude mantener a raya mi lado oscuro y parecerme un poco más a lo que espero de mí mismo.
sábado, 11 de febrero de 2006
Una propuesta políticamente incorrecta sobre la cultura

Hay pocas preguntas más espinosa y motivadoras de respuestas políticamente incorrectas que "¿qué es cultura?". Sin embargo, si quiero influir de alguna forma en la cultura, esta es una cuestión que debemos abordar tarde o temprano.
Ya que tratar de definir qué es cultura puede ser demasiado ambicioso para las pretensiones de esta humilde bitácora, me contento con pellizcar el tema con una definición funcional, es decir, tratar de ubicarla a partir de aquello para lo que nos sirve. "¿Cómo así? ¿Y es que la cultura sirve para algo?". Yo propongo que sí.
En primer lugar, pienso que la cultura es una herramienta evolutiva (lo siento; a pesar de lo fascinante que me pueda parecer la idea del "diseño inteligente" que promueve la derecha conservadora del Imperio, para mí no pasa de ser fascinante pero indemostrable) que distingue a nuestra sociedad de las comunidades de otras especies.
Efectivamente, pienso que las especies animales y vegetales fueron evolucionando al probar cambios en sus características físicas. Los especimenes con los cambios que les dieran alguna ventaja en un entorno físico cambiante sobre otros que no las tuvieran tenían más posibilidades de sobrevivir y pasar esas características adaptadas a su descendencia. Como consecuencia, especies muy similares entre sí fueron transformándose físicamente de acuerdo con su entorno hasta hacerse muy diferentes entre sí. Fue así como los pingüinos ganaron tejido adiposo y perdieron la mayor parte de sus plumas, como los frailejones se volvieron peludos, como los primates se volvieron nuestros ancestros y las tortugas... Bueno, las tortugas han demostrado que su cuerpo se adapta tan bien a su entorno que prácticamente no han cambiado desde la época en que lo peor que te podía pasar era que un Tiranosaurio te tuviera ganas.
Durante la Revolución Industrial los inventores durante imitaron a la naturaleza al crear herramientas especializadas para cada entorno específico. Así fue como nacieron las sumadoras (que muchos contadores, tenderos y cajeros de banco todavía usan), los teléfonos, las cajas registradoras, etc. Todas son parecidas, pero el entorno específico donde se usan motiva a que las construyan con características únicas que las hacen idóneas para su entorno.
Pero siguiendo con el cuento evolutivo, hubo un momento crucial en el que nuestros ancestros inventaron los símbolos y desarrollaron su habilidad para usar y construir herramientas (hay otros animales que también usan herramientas, pero no llegan a vivir tanto como para inventarlas). Pienso que la conjunción de estas dos cosas fue lo que permitió la aparición de la cultura, que convirtió a nuestros ancestros en homo sapiens. Efectivamente, nuestros ancestros dejaron de cambiar su cuerpo en cuanto a su funcionalidad para adaptarse más rápidamente a través del cambio en las prácticas que pasaban de una generación a otra. Por ejemplo, con el advenimiento de cada era glacial, entre los humanos se puso de moda la ropa de calle hecha de pieles de animales, mientras que animales de otras especies debían emigrar o morir porque no eran capaces de adaptar sus cuerpos a la velocidad suficiente para soportar los cambios drásticos del entorno. Donde muchos animales murieron, nuestra especie prevaleció gracias a la ventaja adaptativa que le daba su cultura.
Siguiendo con la analogía de las máquinas, los inventores imitaron otra vez a la naturaleza al crear computadores genéricos programables. Con el mismo hardware, podían adaptarse a gran velocidad a necesidades muy diferentes a través de un software específico. Es más, si el hardware es lo bastante potente, puede soportar diferentes versiones del software que vayan ajustándose cada vez más a las necesidades de los usuarios, mucho más rápido de lo que sería posible (o rentable) hacer los mismos cambios directamente sobre la estructura física de la máquina. Según este orden de ideas, refino mi definición de cultura: es el software que le permite a los individuos de una sociedad adaptarse a su entorno sin tener que modificar su hardware.
Ahora nuestra generación está viendo cambios más drásticos y acelerados de los que les ha tocado ver a las que la precedieron. De nosotros depende que la cultura refleje las habilidades que nos permitirán sobrevivir como individuos. Y no es simplemente una cuestión retórica sino cuestión de supervivencia, ya que, por ejemplo, si eres hombre en Cali y no bailas salsa, tus posibilidades de reproducción se reducen drásticamente.
¿Qué opinan?