Miando fuera’el tiesto
Supongamos que hay un niño que no responde preguntas y se consulta a tres expertos para que lancen hipótesis sobre por qué no lo hace. Seguramente pasaría algo como esto: un otorrino dirá que tiene problemas auditivos, un neurocientífico dirá que tiene un trastorno cognoscitivo y un psicólogo dirá que tiene problemas con la autoridad y por eso no le da la gana de responder. Posiblemente el niño simplemente hable otro idioma y no entiende lo que le están preguntando, pero el punto es que cada experto verá el problema desde la óptica de su disciplina sin que necesariamente llegue a comprenderlo correctamente. Otra historia sería si cada uno de los expertos tiene la oportunidad de examinar al niño y hacerle pruebas, porque al menos de esta forma podrán descartar que el problema esté dentro de su especialidad y lo remitan a otro experto hasta que alguno le pegue (al problema, no al niño). Siguiendo este mismo ejemplo, creo que para entender un fenómeno hace falta hacer parte de él, untarse.
Por eso me pareció interesante que en su blog Gustavo Vargas hiciera una recopilación de las opiniones de diversos académicos sobre los blogs como alternativa periodística. Chévere como referencia y punto de partida, pero me hubiera gustado conocer además qué piensa un periodista que haga el ejercicio juicioso de habitar la blogósfera.
En mi opinión, los blogs son un fenómeno completamente aparte del periodismo, ya que la inmensa mayoría de los contenidos que hay en la blogósfera no son periodísticos. Por eso choca un poco que hagan lo que haría un abogado acostumbrado a escribir minutas a máquina y que de repente se la cambien por un computador: usarlo solamente para seguir escribiendo minutas, pero ahora con la opción de editar antes de imprimir. En el caso de la blogósfera, tal vez muchos periodistas se vean atraídos porque pueden saltarse una parte del proceso periodístico, lo cual les da la velocidad, oportunidad y autonomía que no tienen en un medio tradicional.
Los expertos no usan recetas
Hay periodistas tradicionales que dirán que el proceso periodístico es el que de alguna forma garantiza la calidad del producto final. Pero yo creo que el papel del proceso está un poco sobrevalorado. Como solía decirme un consultor que también es bloguero “desde que aprendí a cocinar, no volví a seguir recetas”. Las recetas están hechas para que CUALQUIERA pueda obtener un resultado aceptable, pero NINGUNA receta le va dar el mismo resultado que obtendría un chef experto. Claro, habrá quienes encuentren reconfortante entrar a un McDonalds en Corea o en Bangladesh donde la comida local puede ser demasiado exótica o por debajo de los estándares sanitarios a los que están acostumbrados: uno sabe que se va a comer un pedazo de cartón, pero también que el proceso estandarizado garantiza que va a ser exactamente el mismo pedazo de cartón que encuentra en París, New York o Bogotá.
El experto puede darse el lujo de experimentar constantemente para estudiar la reacción de su público y hacer rápidamente ajustes que los satisfagan. Esto también implica que su audiencia nunca va a ser tan grande como la de un medio masivo que maneje contenidos estandarizados, tanto en qué dicen como en cómo lo cuentan. Pero yo creo que una vez ese público selecto encuentra un experto que les guste, habrán dado con alguien que los satisfaga más que el principiante que se ampara en un proceso, al cual seguramente recurrirán de vez en cuando. Claro, por cada blog “bueno” donde se exprese un experto habrá cien que son basura, pero en la medida en que la gente no vuelva ni recomiende esos blogs por malos no serán visibles y desaparecerán.
Del medio tradicional al blog
Por otro lado, el medio masivo le apostará a los formatos y contenidos que sean atractivos para la mayor cantidad posible de público, mientras que la fuerza de los blogs está en ser devotos de formatos y contenidos que sean muy atractivos para unos cuantos fanáticos. Pero dado que la dispersión geográfica de ese público es irrelevante gracias a Internet, pues esos cuantos fanáticos no tienen por qué ser poquitos: de 10 en 10 en cada país que hable la lengua del que escribe, se va formando una audiencia que ya quisieran algunos canales de televisión y periódicos regionales.
Y por último, un blog personal o colectivo se mantiene simplemente porque al autor le nace. En cambio el periodista en un medio tradicional vive de su trabajo como redactor. Por eso está sujeto a no hablar mal de los anunciantes o de fenómenos que indirectamente son propiciados por quienes pagan su sueldo con la pauta. Y ni hablemos de política, porque aparte de Daniel Coronell y Félix De Bedout es más bien raro encontrar periodistas que se arriesguen a cuestionar de frente a los políticos y gobernantes porque son los amigos de sus empleadores. En cambio en la blogósfera es más bien común que la gente se exprese sobre los actores que afectan su vida cotidiana, ya se trate de gobernantes o empresarios. Y obvio que van a haber quienes den rienda suelta a especulaciones sesgadas sin ningún fundamento (quienes serán abandonados por quienes prefieran un ‘opinador’ que tenga cómo sustentar sus posiciones), pero incluso estos le darán gusto a quienes buscan otros que tengan las mismas posiciones subjetivas y sin fundamento para ‘darse pedal’ entre ellos.
Conclusión
En la medida en que la mayoría de los blogs no siguen un estricto proceso periodístico no puede decirse que estén haciendo periodismo. Están haciendo otra cosa, tal vez más interesante, pero no periodismo. Pero al no estar sujetos a sus mismas restricciones inherentes al periodismo, permiten que salgan a la luz innumerables mutaciones, muchísimas malas, pero también algunas interesantes. Y sólo por la posibilidad de encontrar esas mutaciones interesantes es que me parece que en la blogósfera vale la pena meter el pie, o por qué no, sumergirse.
sábado, 15 de noviembre de 2008
¿Blogs periodísticos? ¡Qué contradicción!
domingo, 9 de noviembre de 2008
¿Dónde se metieron las mujeres en Cali?
Hay una dinámica que hace parte del arsenal de toda psicóloga organizacional, y es el juego de las sillas. Se trata de juntar ‘n’ personas y ponerlas a dar vueltas alrededor de ‘n-1’ sillas al son de la música. En cuanto para la música, los participantes hacen lo que sea por apoderarse de una de las sillas. Quien no logre sentarse sale del juego, el cual vuelve a empezar con una silla menos hasta que queda sólo un participante: el ganador del juego.
Durante muchos años yo sentí que en esto de las relaciones estaba jugando un juego muy similar al de las sillas, donde los que iban saliendo eran los amigos y amigas que se iban casando. Y sentía que iba ganando. Pero ahora que corro el riesgo de “ganar” el juego (porque hasta el impredecible de Porras se va a pegar el viaje hasta Xalapa a casarse) me doy cuenta de que parezco ser el único que está todavía jugándolo.
A veces me pregunto ¿dónde demonios se metieron las mujeres en esta ciudad? Pero bueno, tal vez no estoy siendo lo suficientemente específico. Dado que hace muchos años no salgo con ninguna mujer mayor de 25 años (de hecho parece que todas las mujeres en Cali tuvieran 25 años), la verdadera pregunta sería ¿dónde demonios se metieron las mujeres de entre 26 y 32 años, profesionales, “bonitas” e “interesantes”? ¿Y solteras? Y sé que existen porque conozco por lo menos una (que no me pare bolas ya es otro problema distinto).
El juego de las cifras
Vamos por partes. Según la proyección del Dane para la población de Cali en 2009, seremos 2’158.107 habitantes, de los cuales 51.2% son mujeres. Eso nos deja que hay aproximadamente 1’104.000 en Cali. Como no es tan fácil determinar cuántas de ellas son mayores de 25 años, podríamos aventurar que son aquellas que alcanzaron un título profesional. Teniendo como base el censo del 2005 podemos extrapolar que los niveles de escolaridad actuales son más o menos así:
| Nivel máximo de escolaridad alcanzado | |
| 10,5% 37,2% 31,7% 12,3% 7% 1,3% | ninguna hasta completar primaria hasta completar bachillerato hasta tecnólogo hasta profesional hasta posgrado |
Juntando a profesionales con las magísteres y doctores, tenemos el 8,3% de la población (con razón dicen que somos privilegiados). Coincidencialmente, casi la totalidad de la gente que yo personalmente encuentro interesante es también profesional y está optando por algún tipo de título de posgrado, con lo que muy chambonamente podría estar satisfaciendo también el criterio de “interesante”. Sin embargo hay un problema: durante muchos años las mujeres fueron la minoría en las universidades. Pero como ahora en casi todas las carreras las mujeres son mayoría y en los últimos años ha habido un aumento sustancial de la población, creo que se emparejan las cifras. Por eso me atrevo a especular que más o menos el número de mujeres profesionales (y por lo tanto mayores de 25 años e “interesantes”) son ese mismo 8,3% del 51.2% de la población, es decir 91.700.
Ahora toca definir cuántas de ellas siguen solteras, es decir que no se han casado ni tienen una relación estable. Arbitrariamente podría decir que una de cada 20 mujeres es soltera (5%), lo que nos deja con una interesante cifra de 4585.
Queda el reto de filtrar por el criterio de las “bonitas”. Aquí la vaina es bien subjetiva, pero tratando de definir lo que para mí significa “bonita” podría decir más bien “razonablemente atractiva” que se trata de que no sea ni muy gorda ni muy flaca, ni muy alta ni muy chaparrita, ni muy plana ni muy operada, ni con la cara de Carolina Cruz pero tampoco con la de Teresa Gutiérrez. Asumiendo que la mayoría de las bonitas están en el grupo de las casadas o en relación estable, muy arbitrariamente podemos aventurar que hay un 10% que siguen solteras por decisión personal o porque son bonitas que están en estado de transición (es decir, que acaban de salir de una relación estable pero no descartan volverse a involucrar sentimentalmente en el corto/mediano plazo). Eso nos deja con el 10% de 4585, es decir 458, el 0,021% de la población de Cali.
Ahora falta ver a cuántas de ellas conozco. Aplicando la proporción de mujeres profesionales a mis contactos de facebook, el 4,2% de 393 da 16. Esto significa que de las 458 habría en teoría 441 mujeres profesionales, mayores de 25 años, razonablemente atractivas y solteras en Cali que todavía no conozco. ¿Entonces dónde se metieron?
Las hipótesis
La primera hipótesis es que en la universidad hay muchísima visibilidad que se pierde cuando uno se gradúa. Desde el colegio uno anda con sus compañeros de clase y sus amigas son una que otra vecina más las compañeras de la hermana que estudia en otro grado o incluso en otro colegio. La cosa cambia cuando uno llega a la universidad, donde se conoce gente de todos los colegios y se revuelven todos con todas (por eso parece que todas las mujeres en Cali tuvieran 25 años). Pero cuando uno sale a trabajar, vuelve y se encierra en el reducido círculo de los compañeros de trabajo que todavía no se han casado.
La otra es que uno en la universidad es más bien fresco y se apunta a cualquier plan, lo cual cambia cuando se empieza a trabajar. Por eso varias amigas decían que el novio ideal en la universidad es un estudiante de Biología, ya que son los duros para los paseos y las salidas de campo al Pacífico, avistamientos de ballenas, conseguirse permisos para ir a la Ensenada de Utría, etc. Sin embargo, el novio biólogo se va volviendo un encarte cuando vive con lo del bus (si es que encuentra trabajo en su área después de graduarse) mientras que la novia ya empieza a ganar un buen sueldo y a armar con sus compañeros de trabajo planes en México, Europa o por lo menos Cartagena. Entonces sospecho que después de mi espectacular quiebra en 2005 ya no volví tener acceso a esos planes que sólo pueden pagar los profesionales de mi edad. Por eso aunque existan, ya no las encuentro en los sitios a los que suelo ir (y que puedo costear).
¿Alguna otra hipótesis?
Datos del DANE sobre la población soltera en Bogotá del censo 2005
jueves, 30 de octubre de 2008
Purga en el ejército: ¡gracias Obama!
Casi no lo creo. Por andar entregando un proyecto me desconecté dos días y me perdí uno de los anuncios más trascendentales que ha hecho el Gobierno Uribe: la purga de 27 oficiales del ejército de todos los rangos por los macabros falsos positivos en diferentes regiones del país. Este anuncio es un claro contraste con la actitud matona y pendenciera con la que este mismo personaje recibió las denuncias de Human Rights Watch sobre su supuesta obstaculización de la justicia, sin siquiera haberlo leído. Me parece muy interesante que este Gobierno haya tenido la entereza de reconocer que estos militares, en el mejor de los casos, son responsables de negligencia y que haya decidido hacerlo tomando medidas drásticas, dando la cara. Eso es lo mejor que se puede hacer para mantener nuestra confianza en unas fuerzas armadas a cuyo sacrificio y dedicación les debemos tanto: punto para Álvaro y para la campaña de Juan Manuel.
Sin embargo, yo me pregunto si este no sería un caso similar al de Wilson Bueno (alias Isaza), el guerrillero que ayudó a Óscar Tulio Lizcano a volarse de las Farc. Se especula insistentemente que su motivación no fue un sentimiento altruista o de compasión hacia su prisionero, ni siquiera ambición por la jugosísima recompensa o el tratamiento de héroe que le está dando Uribe (con una insistencia por robar cámara y un afán por armar polémica que recuerdan sus mejores cortinas de humo). Yo también me inclino a pensar que este guerrillero la vio negra al sentir en la nuca al Ejército y razonó que tenía más posibilidades de salir vivo con un rehén valioso, perdón, con un liberado, que si esperaba a que lo liquidaran los militares en un intento de rescate o sus propios comandantes ante un segundo golpe como el de la operación Jaque. En otras palabras, el tipo no liberó a Lizcano por convicción sino porque le tocó.
Creo que pasó igual con el cambio de actitud del Gobierno hacia las denuncias por violaciones a los Derechos Humanos por parte de algunos miembros del Ejército: no se debe a que sinceramente haya cambiado su política de obtener resultados en el corto plazo a cualquier precio, sino a que empezó a sentir la presión de arriba. Efectivamente, la política de seguridad de Uribe es posible gracias a su compadre hacendado George W. Bush, quien lo apoyó con relaciones públicas y recursos (que, a lo bien, necesitamos desesperadamente) en contra de las cejas levantadas de la Unión Europea, las ONG y nuestros propios vecinos. Pero ahora que las encuestas dan como virtual ganador en las elecciones presidenciales gringas a Barack Obama, este apoyo puede no seguir. 
A juzgar por lo que dijo el candidato azul sobre el TLC en el último debate, no apoyaría a un gobierno que no incluye suficientes garantías de protección de los derechos laborales en un país como Colombia, donde se asesina a muchos líderes sindicales. Ojo, eso no significa que allá crean que Uribe o sus subalternos estén halando el gatillo, pero sí que no están lo suficientemente motivados para darle prioridad a resolver el problema. Hay quienes piensan que esas muertes son efectos secundarios inevitables de la aplicación de la política de “seguridá democrática”, pero yo me resisto a aceptar que sea así.
De todos modos, así como pasó con Isaza, prefiero que se haya tomado la decisión correcta a que se haya tomado la incorrecta independientemente de la motivación. Que el Gobierno deje de hacerse el ofendido y a tratar de terroristas a quienes cuestionan sus métodos, ya es un avance gigantesco. Ojalá siga así, independientemente de quién esté apretando las tuercas desde la Casa Blanca.
Caricatura: Daryl Cagle
domingo, 26 de octubre de 2008
Por qué son importantes el rescate de Oscar Tulio Lizcano y el Premio de Ingrid Betancourt

Cuando los envidiosos no hacían otra cosa que ponerse verdes de la rabia ante la postulación al Nobel de Paz para Ingrid Betancourt en lugar de acordarse de los secuestrados que siguen pudriéndose en la selva, llegó la noticia de que el ex senador Oscar Tulio Lizcano se le voló a las Farc.
Me encanta que este ex secuestrado haya escapado junto con uno de sus captores de las garras de la guerrilla. Obviamente me alegra por él y por su familia porque ya su salud estaba tan golpeada que quién sabe cuánto más hubiera sobrevivido en esas difíciles condiciones. Pero también es interesante la experiencia de Lizcano porque se convierte en un símbolo de resistencia ante la terquedad de las Farc, que quieren imponer su voluntad por encima de cuanta manifestación, marcha y señal de repudio hacemos los ciudadanos (no todos los que tiene cédula, pero sí la mayoría de los que vivimos en las ciudades y tenemos facebook).
Los símbolos como éste son importantes porque llaman la atención del público sobre la situación del protagonista de la noticia. Si uno se pone a ver, Nelson Mandela no es que hubiera hecho mucho fuera de vivir alojado con todos los gastos pagos durante años en una cárcel Sudafricana. Rigoberta Menchú no logró ningún acuerdo de paz ni detuvo el genocidio del que era víctima la población vulnerable de Centroamérica. Y ni hablar de Al Gore, que no ha bajado ni un grado el calentamiento global ni disminuido ni un gramo la producción de CO2. Y sin embargo les dieron el Premio Nobel de Paz. ¿Por qué? Pues porque darles ese galardón equivale a visibilizar el problema tan tenaz contra el que están luchando los homenajeados, hacer que la gente se interese por el tema y se pregunte por qué ocurre y qué pueden hacer para ayudar a solucionarlo.
Por eso no sé si reír o llorar por la alegría de mis compatriotas cuando se supo que el Nobel de Paz no se lo iban a dar a Ingrid sino a Martti Ahtisaari. Sin duda Ingrid como cualquier persona junto con sus virtudes tiene también muchos defectos. Sin embargo, sospecho que el único defecto que no le perdonan es que siendo ella tan hábil para manejar las relaciones públicas internacionales, no demuestre un fanatismo ciego hacia Uribe que le ayude a mejorar su imagen en Europa (la de él). Claro, como a nadie con medio dedo de frente se le ocurriría postular a Uribe para el Nobel de Paz, les hubiera parecido el colmo que se lo dieran a Ingrid, que porque “ella no ha hecho nada por la paz”.
¿Y? Yo prefiero que a través de reconocimientos como el del Nobel o el del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia se haga visible la situación por la que pasó la ex candidata presidencial y la de miles de compatriotas que siguen presos en el monte (tanto los secuestrados como los guerrilleros rasos que preferirían desertar). Y que yo sepa, es la única que en los foros sobre terrorismo como el de la ONU ha hablado con sensatez al pedir que se incluya el diálogo en la estrategia para luchar contra el terrorismo. Y también le ha recordado al mundo que los secuestrados son más que excusas para que Juan Manuel Santos salga en la foto y que los secuestradores son, más que unos hijueputas terroristas irracionales, seres humanos que en su retorcida lógica creen estar haciendo lo correcto. “It is most important to stress that, when we talk about victims of terrorism, we’re talking about human suffering. We are not statistics, we are not numbers, we are people who suffer” dijo Ingrid Betancourt ante la ONU en septiembre de 2008.
Así que entre que le den premios y que no se los den (porque supuestamente “no ha hecho nada”), yo sí prefiero que se los den. A ver si así los que alimentan la guerra desde fuera se ponen a pensar en las muchas vidas que están afectando con sus acciones.
Foto REUTERS
jueves, 16 de octubre de 2008
Contraindicaciones cuando uno está en la mala

Muchos que no hemos tenido tendencias suicidas en ocasiones hemos estado tan, pero tan achantados que la idea de acabar nuestra existencia subiendo a un Paparayo 9 recién almorzados o acudiendo a la sala de urgencias de un hospital estatal no suena tan descabellada. Pero quisiera aquí proponer ciertos elementos motivacionales que definitivamente deben mantenerse fuera del alcance si uno está en la mala:
- Contraindicado escuchar No me pidas que no sea un inconsciente, pero la versión desgarradora de Niña Pastori. Si es la original de Calamaro, hay lágrima garantizada pero no peligra la vida del paciente.
- Ni se les ocurra alquilar La tumba de las libélulas (Grave of the fireflies). En lugar de uno acaban siendo dos o más los que se tiren por la ventana.
- Absolutamente prohibido leer la denuncia de Human Rights Watch sobre la obstaculización de la justicia por parte del gobierno de Uribe. Además de profunda depresión, da un sustico todo frío y profundo saber que alguno de los dos está mintiendo y quién sabe para proteger qué intereses.
- Prohibido leer Cien Años de Soledad. Si el paciente ya lo empezó, por ningún motivo permita que llegue más allá del penúltimo capítulo.
- Debería ser castigado con cárcel que alguien ponga a todo volumen ese villancico que dice “♫ mamáaaaa, dónde están los jugueteeeeeesss ♪”, sobre todo si es diciembre y el paciente ya tiene la pupila en remojo.
¿Otras contraindicaciones?