lunes, 11 de diciembre de 2006

Los lujos que Pinochet y Yunus tienen en común

El ex dictador chileno Augusto Pinochet murió ayer a la edad de 91 años, durando más que otros colegas suyos en el negocio de los gobiernos totalitarios, como Nerón, Calígula, Stalin o Hitler. No creo que el chileno haya invertido US$1000 mensuales para frenar el envejecimiento a punta de inyecciones de la hormona del crecimiento humano, pero sin duda logró fabricar para sí unas condiciones mucho más favorables que las que lograron sus predecesores, quienes debieron lidiar con asesinos acechándolos por todas partes.
          Cuando Pinochet fue detenido en Londres y enjuiciado a su regreso a Chile quedó claro que más de uno tenía ganas de encarcelarlo, pero realmente no creo que haya enfrentado muchos atentados contra su vida después de entregar el poder. La impresión que tengo es que un hipotético asesino hubiera causado más rechazo que simpatía entre la sociedad civil porque se supone que en las democracias el derecho a la vida no es un privilegio de los poderosos sino un bien común a la población en general.


Los lujos son algo relativo
Entre más retrocedemos en el tiempo, es más claro que una tranquilidad similar sólo hubiera podido comprarse con mucho dinero: probadores de comida para prevenir envenenamientos, dobles idénticos para desviar atentados a distancia, fortificaciones y guardias malencarados para evitar el acceso no autorizado, y un largo etcétera.
          Hay otros ejemplos de cosas que hoy damos por obvias, que defendemos como derechos, pero que hace tiempo hubieran sido considerados lujos obscenos. Pensemos por ejemplo en el hielo: para disfrutar de una bebida helada en una tarde calurosa sólo tenemos que sacar unos cubitos de la nevera, es decir, algo cotidiano para al menos la mitad de la población. Pero en la época de Cristo sólo unos poquísimos romanos muy ricos podían darse el lujo de probar el hielo porque debía traerse de las montañas con un esfuerzo tan grande que hubiera servido para alimentar a varias familias durante semanas. Tal vez refrescarse con hielo era un lujo tan banal y costoso para los palestinos del común que lo hubieran considerado incluso inmoral, pero entonces ¿por qué nosotros lo aceptamos sin problema?
          La respuesta es que un lujo sólo es ofensivo cuando no se tiene acceso a él. Una mandarinada de $7000 en Andrés Carne de Res nos parece estrafalaria (así haya estado BUENÍSIMA) cuando pensamos que por esa plata podrían almorzar dos personas. Y ni hablar de lo que cuesta una cena en el restaurante más caro de Nueva York. Yo no tengo problema con que la gente coma rico, el problema es que no es un gusto ampliamente garantizado.
La prueba está en que para que unos pocos podamos pasarla bueno, muchos otros deben pasar privaciones. Yo me considero una persona con un estilo de vida bastante sencillo, pero según mi huella ecológica se necesitarían dos y medio planetas Tierra para proveer hoy los recursos que permitieran a toda la población mundial vivir como yo. Y si esa es la situación con mi modesto estilo de vida, ¿se imaginan cuál es la huella ecológica de esos monstruos desconsiderados que tienen el descaro de andar en carro, vivir en una casa de dos pisos y bañarse con agua caliente? Como Tierra sólo hay una, la única forma en que la ecuación cuadre es reconociendo casos como el de Colombia, donde el 40% de la población está por debajo de la línea de pobreza, o sea que consumen muchísimos menos recursos que quienes leen esta bitácora.


Democratizar los lujos sí se puede
Sin embargo, de vez en cuando aparecen iniciativas que convierten los lujos en bienes cotidianos. Hace poco más de 10 años acceder a BitNet (predecesor de Internet) era un lujo que sólo los estudiantes de electrónica con proyectos de investigación en robótica podían darse (al menos en la Javeriana de Cali). Ahora al menos el 10% de la población mundial tiene acceso frecuente a Internet, y casi cualquiera puede pagar $2000 por media hora de acceso en un cibercafé.
          Así mismo, el movimiento de software libre ofrece sin costos de licenciamiento alternativas muy buenas al carísimo software propietario de empresas como Microsoft y Oracle. Estas compañías han considerado este movimiento tan exitoso que han comenzado a imitar algunas de sus prácticas y hasta a ofrecer versiones gratuitas de sus productos estrella. Claro, el acceso al software de calidad sigue sin ser un bien universal, pero al menos ya no es privilegio de algunas compañías muy ricas.
          Otro ejemplo que encuentro inspirador es el de varios alcaldes de Bogotá que le apostaron a invertir la platica de los impuestos en parques, vías peatonales, ciclovías y sistemas de transporte masivo que logra democratizar un poco lo que antes era privilegio de los accionistas de clubes campestres y propietarios de carros particulares. Al fin y al cabo, el aire puro y menos congestión en las vías es algo que beneficia a todos, incluso a los que tan fieramente se opusieron a los bolardos de Peñalosa, es decir, los mismos accionistas de clubes campestres y propietarios de carros particulares.
          Sin embargo, el ejemplo que me parece más impactante es el del Grammen Bank de Bangladesh y su fundador Muhammad Yunus, que recibieron ayer el Premio Nobel de la Paz. ¿La razón? Lograron convertir un lujo (el acceso al crédito bancario) en un recurso al alcance de los más necesitados. Ha sido tan exitosa esta iniciativa que lo que en un principio era sólo un proyecto de interés social demostró ser un buen negocio, tan interesante que ahora los bancos comerciales están disputándole los clientes que antes no querían.
          En conclusión, el caso de Pinochet demostró que la institucionalidad que él despreció le permitió morir ayer de causas naturales, debido a que la protección que antes era un lujo de los poderosos se democratizó hasta volverse un bien (en teoría al menos) universal. De manera similar, Yunus y su banco fueron galardonados ayer por demostrar que un lujo como el acceso al crédito tiene un impacto mucho mayor cuando se democratiza para que todos podamos beneficiarnos.

4 comentarios:

Lully dijo...

Está loable tu teoria. Me queda una pregunta: ¿Qué harán con todo el dinero que quedó guardado en diferentes partes del mundo?, ¿se lo llevarán sus familiares?, ¿como es que lo dejan morir sin sacarle hasta el ùltimo peso?
Bueno, son muchos interrogantes.
Un abracito afectuoso para tì!

Anónimo dijo...

Don Apolo acá estoy robándole un ratico al trabajo para leer tu artículo.
Bueno, larguito pero enganchador.
Varias veces he pensado al respecto. Alguna vez en clase de Ecología en mi época universitaria el profesor dijo que la tierra puede proveer para siempre recursos a 100 millones de habitantes, entonces creo que estamos sobrando como 5900 millones... Es un dilema muy grande, una vez que se conocen ciertos lujos uno ve muy complicado el volver a una vida sencilla, por eso mi admiración hacia aquella caricatura del que se va de casa solamente con un atado de ropa amarrado a un palito.
en cuanto a Pinochet diré que me aterra el cinismo que mostraba hace más o menos 10 años cuando en una entrevista Angela Patricia Janiot le preguntaba algo acerca de su régimen, según él nunca hubo dictadura, al tiempo me causa curiosidad el hecho de que tantos chilenos defiendan su gestión, al parecer lo ven como el motor de su economía.
De momento seguiré disfrutando de mis días montando en taxi porque apenas se acabe el estudio en el que ando volveré al ecológico pero maltratador Transmilenio.
Cuídate.

Lanark dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lanark dijo...

Es muy interesante el punto de vista expuesto acá. Es urgente que nos demos cuenta de la insostenibilidad del orden actual de cosas, y nos esforcemos aunque sea un poquito en entender lo que está pasando.

Yo también creo que es posible que todos los humanos disfrutemos de los mismos derechos, pero ya comenzamos con el pie izquierdo reproduciéndonos tanto. Somos demasiados para poder vivir bien sin acabar con el mundo. Recomiendo toda la argumentación tan razonable de los del Movimiento de Extinción Humana Volutaria.

El capitalismo sólo es sano cuando se extá expandiendo, siempre tiene que encontrar mercados nuevos o entra en una crisis que puede aniquilarlo. Por eso, nos ha animado a reproducirnos sin control.

Un ejemplo de eso, es que todos los gobiernos, cuando necesitan una recuperación económica rápida, acuden a la industria de la construcción, que por supuesto, necesita que sigamos reproduciéndonos para ser una opción. Para resolver un problema urgente, se crea un problema mayor.

Uno de los lujos que más deberían costarnos, pero que sin querer son alcahueteados por nuestra sociedad, es todo lo que viene de la ganadería extensiva. No hablo del campesino que tiene 5 a 10 vaquitas, sino del terrateniente que tiene 50.000. Es una actividad completamente inmoral. TAl vez por eso en Colombia se haya caracterizado por fuertes vínculos con TODA clase de crímenes, desde el desplazamiento forzado, hasta el magnicidio y el narcotráfico. Si por mi fuera, la ganadería extensiva sería un delito. Por cierto, la cocaína es otro "lujo" que cuesta tan caro al planeta, que es inmoral.

También muchas de las actividades del sector financiero son un obstáculo a la producción y a la calidad de vida, aunque se disfracen de lo contrario. Yunus le dio completamente la vuelta a la idea criminal del manejo financiero, volviéndola algo realmente útil y valioso. Y los financistas estúpidos, ante la evidencia que se presentaba ante sus ojos mezquinos, no tuvieron más remedio que aceptar eso en su visión del mundo, y sentarse a estudiar para ver cómo pueden pervertirlo.