lunes, 16 de octubre de 2006

Qué chimba de profesor

¿Alguna vez te tuvieron que despertar en plena clase? ¿Tuviste que trasnochar para un examen o un trabajo final? ¿Te tiraste la materia alguna vez? ¿Dos veces? Pues todo esto me pasó a mí tanto en la prisión dond... perdón, en el colegio donde estudié como en la universidad. Y aunque reconozco que nunca fui un buen estudiante, tampoco creo tener un pelo de tonto (de hecho siempre fui el mejor del salón en las materias que me gustaban), sólo que rara vez tuve buenos profesores.
          Esto último puede sonar a excusa chimba porque los buenos estudiantes, al igual que los buenos toreros con un mal toro, logran salir adelante así el profesor no dé la talla. Sin embargo, he visto demasiados "buenos estudiantes" que siempre sacaron los mejores promedios pero que no aprendieron realmente porque su motivación era la nota y no porque creyeran que lo que pasaba ante sus ojos pudiera servirles de algo. Precisamente esto es lo que me lleva a pensar que hemos entendido mal el papel del profesor en el proceso educativo.

Facilitar el proceso del estudiante

Primero que todo, creo que más que hablar de enseñanza, se debería hablar de aprendizaje, donde el profesor es más un facilitador que la fuente desde la cual fluye el conocimiento. Esto significa que el conocimiento difícilmente puede ser "enseñado" si al alumno no le da la gana de aprenderlo o no le encuentra sentido en su vida. Por ejemplo, en Matrix Morpheus le dijo a Neo algo así como "yo sólo puedo mostrarte la puerta; eres tú quien debe cruzarla". Y quienes vieron la película seguramente se estarán riendo de lo que le pasó a Neo cuando su mentor le pidió que lo siguiera saltando de la azotea de un edificio altísimo hacia la de otro: se azotó contra la calle que separaba las dos edificaciones porque todavía no le encontraba sentido a lo que pasaba ante sus ojos. En mi caso particular, toda la vida me encontré profesores que se enfocaban en enseñar los pasos para cruzar la puerta, pero que no entendían o no sabían transmitir por qué me debería interesar a mí cruzarla.
          Por supuesto que no todos mis profesores fueron malos. También tuve profesores y profesoras buenísimos que variaban entre el honesto y el inspirador. El honesto nos decía algo así como "¿saben por qué un futbolista entrena haciendo abdominales? Pues no es porque en medio de un partido se vaya a tirar al piso a hacer abdominales, sino porque eso lo fortalece para aprovechar su talento para jugar. De la misma forma, ustedes no van a usar ecuaciones diferenciales en su trabajo diario (a duras penas una calculadora de tendero), pero usarlas entrena su mente para entender el mundo y modelar soluciones a sus problemas". Obviamente ninguno de nosotros salió pensando en matricularse en Matemática pura en UniValle motivados por este discurso, pero sí nos hizo ver POR QUÉ era importante para nosotros dominar las ecuaciones diferenciales.
          Por su lado, entre los profesores inspiradores recuerdo mucho el de Historia que nos hablaba del aventurero francés que inició la arqueología en Colombia, de la asombrosa buena suerte de Cortés y Pizarro de encontrar respectivamente a los Aztecas e Incas divididos en luchas internas y que nos llevó a Perú a conocer Machu Pichu en una excursión de nueve días. Aunque el gris profesor del curso vecino por esa época del año ya estaba cubriendo la Colonia, nosotros no dejábamos a nuestro profesor avanzar porque todavía nos tenía fascinados con la cosmología de los Mayas, tratando de entender las luchas de poder, los intereses económicos, los rituales y las búsquedas espirituales, es decir, tratando de interpretar el mundo desde la perspectiva de la Historia. Su éxito radicaba en que no intentaba simplemente hacernos memorizar hechos, lugares y fechas, sino que intentaba que pudiéramos responder nuestras propias inquietudes sobre nuestro papel en la vida y sobre el mundo que nos rodeaba a partir de la experiencia de los pueblos que nos precedieron. En todos estos casos, nosotros hacíamos el trabajo de aprender, pero teníamos un guía que nos facilitó el proceso.

Reconocer al otro como individuo

Por otra parte, pienso que los buenos profesores también deben ser capaces de reconocer a sus estudiantes como individuos e identificar de entre la legión de zombis que no saben muy bien por qué están allí, a los que sí están interesados en aprender. No es realista asumir que los 50 alumnos o más que puede tener un salón de clase están dispuestos y motivados para aprender, más ahora que los niños malcriados por el sistema de logros están estrellándose contra las universidades. Posiblemente lo más sensato sería ayudar a los zombies a que se ganen su "3 raspado" y concentrarse en cultivar a los que realmente quieren sacar el mayor provecho posible del profesor que tienen en frente. Pero de todos modos creo que vale la pena soñar con personajes como el de Michelle Phiffer en Mentes peligrosas, donde la maestra endereza a un grupo de pandilleros desahuciados por el sistema educativo. Su truco: no ver a todos los estudiantes como una masa homogénea sino reconocer el potencial, los problemas y las motivaciones particulares de cada uno.
          Tal vez deberíamos considerar el viejo sistema de tutores, del cual tomó la idea La Guerra de las Galaxias de que los maestros Jedi sólo pudieran tener un padawan por vez a quien acompañar en su proceso de aprendizaje. Parafraseando a pequeña padawan, cada profesor en su proceso de enseñanza seguramente reflejará mucho de sus búsquedas personales y su propio ejercicio de introspección. Sin embargo, puede ser muy bacano en la medida en que éste sea un referente que matice las propias búsquedas del estudiante y no la imposición homogénea y estándar que viven cientos de miles menos privilegiados.

7 comentarios:

Carlos Talaga dijo...

primero que todo no debería haber colegios, segundo, sí deberíamos tener maestros, personas con la escala educativa más alta de nuestra sociedad, recompensados con los salarios más altos, ofrendados constantemente con doncellas, etc... esas personas estarían encargadas del kinder y la primaria, pero esto duraría hasta los 14 años. Luego se enviaría a los jóvenes a un campus donde en la más completa libertad sexual se les enseñaría el consumo tántrico de las drogas y se les iniciaría en el rito de las técnicas, las artes, las fórmulas científicas y filosóficas. Esto duraría tanto como el joven quisiese, incluso todas su vida.
Al terminar y salir a la sociedad se encontraría con el bienestar, pues sucesivas generaciones de jóvenes educados en este modelo harían un mundo mejor. www.carlostalaga.net

El Marqués de Carabás dijo...

La puerta del "depende" está sin seguro. Cuestión de abrirla al aprendizaje según el gusto. Y que igual puede presionarnos como una ecuación diferencial, porque si vamos a conocer de algo, que sea bueno y de buena forma.

Además, me gusta el modelo Jedi, con la fortuna de elegir a más de un Maestro y convertirnos en parásitos de su conocimiento. Luego tendremos algún voluntario Padawan.

Andrés David dijo...

Estoy de acuerdo con que el rol del profesor debería ser más cercano al de un facilitador/mentor que al de una fuente única. Parte del problema radica en que se supone que los profesores imparten conocimiento cuando lo que realmente hacen es impartir información.

La diferencia entre ambos términos radica en el lado humano de la segunda: es información que está mezclada, sentida, experimentada por un ser humano y es eso lo que debería pasar entre uno y otro. La información puede ser encontrada en cualquier parte, el conocimiento sólo puede ser descubierto en una experiencia muy personal.

En el comentario de Carlos se describe un mundo utópico con el que, a primera lectura, puedo estar de acuerdo. Sin embargo, veo algunos problemas:

i) ¿Cómo llegar desde acá hasta allá? La visión parece buena pero qué camino debemos seguir.

ii) En esa visión no veo retos muy grandes. El problema de toda utopía es que genera comodidad. Soy un firme convencido de que el conflicto y el sufrimiento son necesarios para mantener un nivel de innovación mínimo en una especie.

iii) Al terminar de leer sentí un desasosiego y luego descubrí a qué se debía: el mundo descrito se parece mucho a Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Mierda.

Buen ensayo Andrés. Nos vemos por ahí.

pichibarbie dijo...

A la parte seria...al escribir un artículo aveces pareciera que uno se transforma en profesor...

MAREÑA dijo...

"si al alumno no le da la gana de aprenderlo o no le encuentra sentido en su vida." Exactamente esto le pasó a un alumno mío, me llamaron de una academia para dictar unas clases de diseño (básico)al finalizar el semestre un alumno me deja una nota donde me da las gracias, sí las gracias por abrirle los ojos, y enseñarle que esa no era su carrera, se dio cuenta que no servía para eso (?) y seguiría otra meta. Al finalizar mi lectura sentí nostalgia pero también alegría, nstalgia porque me sentí incompetente como "profe" pero me di cuenta que sí había logrado algo, un alumno agadecido por enseñarle que no era la elección correcta.

Jenny dijo...

El sistema no da para mucho, quizá muchos profesores se entregan en el camino y dejan de intentar ser parte del proceso de aprendizaje y de vida de otra persona..

Me hubiera gustado el asunto de los maestros, eso de ser padawan..

STiRER dijo...

"Posiblemente lo más sensato sería ayudar a los zombies a que se ganen su "3 raspado" y concentrarse en cultivar a los que realmente quieren sacar el mayor provecho posible del profesor que tienen en frente."
Con eso se consiguen 2 cosas, 1.perpetuar la mediocridad reinante en las universidades.
2.que el "profesor" tenga una existencia en "la academia" tranquila y comoda pero sin compromiso, sobretoso sin compromiso con el conocimiento. Yo fui profesora, pero francamente aun no logro saber que "clase" de profe fui. Solo me entere que entre mis estudiantes tenia fama de ser muy dura y de que mis estudiantes nunca estaba seguros si habla en serio o en broma...no se si eso es bueno o malo...pero me gustaria repetir la experiencia.