domingo, 14 de agosto de 2011

5. Uno de viajes

"El Médico" de Noah Gordon

Un joven escocés del siglo 11, se da cuenta de que si quiere trascender las limitadas fronteras de la sanación en su tiempo, debe aprender de los únicos que practican la Medicina con algo de rigor científico heredada de los griegos: los árabes. Como los musulmanes no pueden ver a los cristianos ni en pintura, decide hacerse pasar por judío y atravesar medio planeta (en ese entonces se desconocía la existencia de América) hasta Ispahan, Persia para convertirse en aprendiz del legendario Ibn Sina (Avicena).
         Esta fantástica obra de Noah Gordon nos sumerge en el fascinante mundo de los judíos y de las costumbres y formas de vida de la gente con la que se encuentra el joven Rob Cole en su travesía de Inglaterra hasta Persia.  

sábado, 13 de agosto de 2011

4. Uno que le gusta a todos menos a usted

"El amante" de Marguerite Duras

Cuando empecé a seguir a @Ensayista ella recomendaba mucho a Flaubert y a Marguerite Duras, de quien un día decidí leerme "El amante". No sé si es que mi sensibilidad está atrofiada y necesito que me describan todo como plastilina como a los gringos, pero la obra me pareció me pareció lenta, aburrida. Supongo que para la época en que fue publicada fue toda una novedad, que le ganó admiradores y premios, por lo que parecería que a todo el mundo le gusta. A todo el mundo, menos a mí.

viernes, 12 de agosto de 2011

3. Uno que sea un placer culposo.

“Imzadi” de Peter David

Un gordo, canoso y amargado almirante William Riker encuentra la manera de regresar en el tiempo para salvar al amor de su vida, la consejera Deanna Troi, de una muerte prematura y absurda. Un decidido Capitán Data, partidario del “deje así”, va pisándole los talones para detenerlo antes de que cometa un error del que quizá no quede nadie para lamentar. Y para que alguien tan honorable y entregado al deber como Riker se atreva no sólo a violar las estrictas regulaciones de la Flota Estelar sino a arriesgar la mismísima continuidad del espacio-tiempo, es porque el lazo que lo unía a Troi era lo más poderoso que hubiera experimentado jamás.

          Esta novela en inglés patrocinada por @licuc está ambientada muchos años en el futuro con respecto a la serie de televisión “Star Trek: The Next Generation”. Sin embargo, lo que la hace tan interesante es la historia de cómo Troi y el joven oficial Riker se conocieron en el planeta Batazed cuando ella estaba estudiando Psicología. Esa historia de amor es la que explica cómo se convirtieron en el Imzadi del otro (“amado” o “alma gemela” en lengua Betazoid), un lazo de amor que perdura aunque los separe media galaxia o incluso 30 años en el tiempo.

          Como obra de ciencia-ficción es entretenimiento ligero y lo que pesa más es la rosada, almibarada historia de amor, que desafía el sentido común y se regodea en todas las ideas irracionales de las que tanto trato de cuidarme en la vida real (como las relaciones a distancia). Mierda, sí, me encantó de principio a fin, lo que supongo me delata como un romántico vergonzante.

          ¿Hace falta explicar por qué para mí fue un placer culposo?

jueves, 11 de agosto de 2011

2. Uno que se haya demorado mucho en leer

“Marte Verde” de Kim Stanley Robinson

100 científicos e ingenieros, llegan a Marte a establecer la primera base permanente de la Humanidad en otro planeta. Rusos, gringos, un psicólogo francés y algunos otros colonos de nacionalidades surtidas tienen el reto de sobrevivir en un planeta hostil, lejos de cualquier posibilidad de rescate desde la Tierra, pero también de repensarse una sociedad que ya no está constreñida por las circunstancias del mundo que nos vio nacer. Para unos es la oportunidad perfecta para empezar una utopía desde cero, para otros es la de hacer en Marte una copia de la Tierra, lo cual trae agarrones como para alquilar balcón y formas creativas de solución que podrían ser el modelo para intentar resolver los problemas acá en este planeta.
          “Marte Verde” es la segunda entrega de la trilogía de Marte (“Marte Rojo”, “Marte Verde” y “Marte Azul”) de Kim Stanley Robinson, que es como si un testigo presencial hubiera venido del futuro y nos estuviera echando el cuento de cómo fue la colonización de Marte. Pero es cualquier historia de ciencia ficción.
          Así como el Rock es un territorio muy amplio con muchos matices donde caben desde Juanes, Maná y Queen hasta Rammstein, Metallica y Judas Priest, también lo es el género de la ciencia-ficción. Una de las escuelas que pocos autores se atreven a adoptar es la de ciencia-ficción dura o hiperrealista, en la que la especulación pasa a un segundo puesto y la rigurosidad científica (o al menos la plausibilidad de lo que se propone) ocupa el puesto estelar. Pues este señor, Kim Stanley Robinson, es un maestro que en este subgénero le da sopa y seco a todos sus predecesores.
          Aunque me devoré la primera entrega de la trilogía, me demoré mucho en empezar la segunda. De hecho cuando encontré los dos libros finales en la librería los compré de una porque me daba miedo de que no los volvieran a traer (como efectivamente pasó: jamás los volví a ver). Y ahí se quedaron por varios años. Hace tiempo empecé varias veces “Marte Verde”, pero lo volvía a abandonar porque es un toque intimidante (es tan monumental que ha sido catalogada como “La Guerra y La Paz” de la ciencia-ficción), y porque hay capítulos donde los personajes casi no hablan sino que son más que todo descripciones detalladas de un mundo vacío que harían las delicias de geólogos, geógrafos y meteorólogos. Pero si uno no lo es, paila, se pierde a la segunda formación de regolito por la que pasan los protagonistas.
          Este año sí me senté juicioso a leer sin distracciones y me sentí bien recompensado. La obra es muy bacana y hay peligro de que uno salga aprendiendo conceptos básicos de termodinámica, física, bioquímica, economía, política, sociología, genética… y un largo etcétera.

miércoles, 10 de agosto de 2011

1. Uno que leyó de una sentada

“Caballo de Troya 7: Nahúm”, J.J Benítez

Un mayor de la Fuerza Aérea gringa es reclutado para retroceder 2000 años hacia el pasado y ser testigo de los últimos días de Jesús de Nazareth. Armado con sofisticadísima tecnología, llega todo sobrador a mezclarse entre los “atrasados” habitantes de la que por esa época era la provincia romana de Judea. Pues nuestro viajero en el tiempo se llevará más de una sorpresa y una que otra lección de humildad.

          Caballo de Troya es una de esas sagas que lo dejan a uno dudando de si la razón por la que parece tan convincente es porque se trata de un trabajo de ciencia-ficción soberbiamente bien documentado o si por el contrario, como sugiere el autor, estamos ante la versión novelada de un testimonio real. Esta séptima entrega de la saga, ambientada en la tercera fase de la misión, me atrapó por sus interesantes descripciones de la vida durante el Imperio Romano, pero también por mis circunstancias.

          Un jueves me enteré de que tenía el viernes libre y además que el lunes era festivo, así que me hallaba ante un larguísimo puente y sin un peso en el bolsillo. Así que saqué mi tarjeta de crédito y me fui a la Librería Nacional a por algo apasionante qué leer. Ay diojmío, no me lo leí de una sentada, pero no fueron más de dos y no hice otra cosa que leer y leer. Quedé tan enganchado cuando terminé que  tuve que ir a la Nacional por el octavo y último (hasta la fecha) libro de la saga.